El arte de Dios es un crimen.
Las pulgadas olímpicas castigan los yelmos recogidos
con la sangre del Parnaso y la piedad del tiempo.
Cuando te hablo de un tiempo,
hablo del tiempo fuera de la edad
con la que se vive en los libros de historia.
10 años de guerra son suficientes para arder sin motivos.
Amigo mío, lo cierto es que vives en una venganza
hoplítica guardando el escudo y la sangre de tu hogar.
Alimentado por el pan de oro y las cantos con los que se dice
a la muerte o se navega el Egeo, mare nostrum, padre.
Padre castiga con la plaga y la infección la masturbación del alma.
El arte, todo lo referido a la expresión del mito.
Lo que somos, un hombre construido con el barro
salpicado del útero de una tierra infértil y secada
con el semen rocoso de los primeros padres.
De dioses y titanes templados en la tragedia,
castigados a ser eternamente los niños huérfanos
en las rodillas de las piedras que los fundan
si te esculpen así, con el mismo deseo con el que
se enreda la pasión y la sangre en la punta de la lanza
al saciar el estigma indómito del beso de la prudendia.
Y aún así te mataré domador de caballos.
La épica, el nacimiento de una nación en llamas
tallada en la sal de los cristales que rozan la espuma
cuando vomita el mar a sus hijos desterrados y sin tierra.
La tierra azul, de nadie y de la verdad de los aqueos.
Morirás con las mismas manos que te dibujaron
y el tiempo, o el arte, se harán inmortales en tu pecho.
Los cuervos picaran las llagas de tus ojos
y me devorarás así.
Hijo de un crimen.
Nacido del defecto de los dioses.
Nunca aprenderé a morir del todo en los tapices.
Porque el nombre en una historia importa más
que el mito que pueda relegar a un hijo insolente.
Condenado a compartir la infidelidad del nombre de su padre.
El que sostiene el cadáver de madera con la misma tradición
que sujeta el legado de sus dioses en los rituales exquisitos
De dibujarte así desnuda, muerte, madre y esposa.
Hija de la ira y el arte que haces que me quede atrapado en la pintura,
haces que viva siempre dibujado con el mismo color y posición.
En la continua puñalada del Peleida.
Con los tobillos desgastados de tus flechas en París.
Habitante de los frisos sin cariátides.
El crimen siempre justificado, por encima del valor del propio arte.
Y de ti
lunes, 7 de julio de 2014
miércoles, 2 de julio de 2014
Mayoría de Edad
Fundar las cuencas de los ojos,
entorpecer el beso frío de los iris,
sentir el marrón en los colores de la música,
tú, cuerpo delgado, habitante del silencio
de las casas y las habitaciones sin pintar.
Compartes el mismo nombre que me negaron al decirte.
Y te digo, aún así digo, desnuda y sin decir
ni la mitad de lo que dice tu silencio en mi cabeza.
Eres la razón más justa entre la piel
y lo que apalabrar antes de llegar a el mismo acuerdo.
Cuerdas para sujetar un cuerpo
que admite la tensión del fino hilo
que separa la carne de la piel
cuando el sudor corrompe el olor
que seca la ropa después de lavarla.
Yo me lavo siempre las manos antes de tocarte
me educaron así, con un ideal católico y practicante.
Porque practico siempre los mismos errores.
Pensar, antes que nada, en decirte así,
tocarte desnuda sin ser tan torpe y primitivo
como el primer beso de una adolescencia madura.
El hábito hace ser partidario de un hogar de clausuras.
Cada bestia negra es una serpiente enredada
en el estómago corrupto de los cuervos.
Una frase oscura, que justifique siempre todas mis edades.
Ninguna respuesta es absoluta.
Un poema vale por si sólo todas la veces que se dice.
De memoria y con la misma carrerilla
dispuesta a desabrochar el interior de tu vergüenza.
Pero aquí dentro soy un personaje pudoroso.
Por eso siempre salgo fuera, para poder ver desnudo,
tú, cuerpo delgado, huesos de maderas y ojos sin pintar.
El cuervo de Poe es el verano ausente en Diciembre,
es el orgullo de los leones haciendo honor a las canas de mujer.
Y escribí: ``Nunca más´´
De carrerilla,
sin memoria,
y con la prisa
con la que se viste.
El dolor adolescente con el que se lee un poema por primera vez.
Aunque nunca más se vuelvan a leer las misma canas
por la edad incierta con la que habitas en un poema sin llegar a cumplir.
Tú, mayoría de edad.
entorpecer el beso frío de los iris,
sentir el marrón en los colores de la música,
tú, cuerpo delgado, habitante del silencio
de las casas y las habitaciones sin pintar.
Compartes el mismo nombre que me negaron al decirte.
Y te digo, aún así digo, desnuda y sin decir
ni la mitad de lo que dice tu silencio en mi cabeza.
Eres la razón más justa entre la piel
y lo que apalabrar antes de llegar a el mismo acuerdo.
Cuerdas para sujetar un cuerpo
que admite la tensión del fino hilo
que separa la carne de la piel
cuando el sudor corrompe el olor
que seca la ropa después de lavarla.
Yo me lavo siempre las manos antes de tocarte
me educaron así, con un ideal católico y practicante.
Porque practico siempre los mismos errores.
Pensar, antes que nada, en decirte así,
tocarte desnuda sin ser tan torpe y primitivo
como el primer beso de una adolescencia madura.
El hábito hace ser partidario de un hogar de clausuras.
Cada bestia negra es una serpiente enredada
en el estómago corrupto de los cuervos.
Una frase oscura, que justifique siempre todas mis edades.
Ninguna respuesta es absoluta.
Un poema vale por si sólo todas la veces que se dice.
De memoria y con la misma carrerilla
dispuesta a desabrochar el interior de tu vergüenza.
Pero aquí dentro soy un personaje pudoroso.
Por eso siempre salgo fuera, para poder ver desnudo,
tú, cuerpo delgado, huesos de maderas y ojos sin pintar.
El cuervo de Poe es el verano ausente en Diciembre,
es el orgullo de los leones haciendo honor a las canas de mujer.
Y escribí: ``Nunca más´´
De carrerilla,
sin memoria,
y con la prisa
con la que se viste.
El dolor adolescente con el que se lee un poema por primera vez.
Aunque nunca más se vuelvan a leer las misma canas
por la edad incierta con la que habitas en un poema sin llegar a cumplir.
Tú, mayoría de edad.
martes, 1 de julio de 2014
Todas mis edades
La palabra paz en la boca de un mártir
mancha las manos con las que amar
los crímenes cometidos por la carne.
Respirar el último cigarro, una declaración al absolutismo.
Un imperio consumido así, con el negocio
que espera alimentar el odio por el odio.
Un cuerpo acostumbrado a la edad,
a meditar la justicia, como se medita
la sal que cabe en un vaso de agua
que se ahoga entre dos gotas.
El ruido que haces al decir la palabra silencio
o como hablas del ruido cuando no tienes nada que decir.
Dime, ¿Quién eres?
¿Acaso eres la palabra muda que cambia la ropa?
No, es la misma paz que da el verano
cuando llega de repente amarillo
y con el calor que aprieta en el reflejo
de las gafas al mirarlo de frente y arrugado.
Nunca hablo de nada en mis poemas,
es una necesidad impuesta por la mera necesidad.
Me impongo y digo lo que tengo que decirte.
Nada, nunca digo nada.
Pero todo, a veces, es una forma distinta de paz
el hijo rebelde de la literatura que intenta explicarme
porque cuando desnudo estas palabras de guerra
hablan de un silencioso cuerpo desnudo de mujer.
Y no es que suene pretencioso.
Es que te quitaría hasta la última coma,
con tal de ser capaz, de aprender a follar sucio.
Como se hace la poesía de verdad.
Sucia, carnal y desmedida de silencio.
Si no, piensa que siempre que me lees,
nunca escuchas nada, es la voz de tu cabeza
la que me dice así de sucio.
Cuanto ruido blanco para una hoja de papel que no dice nada nuevo.
Acostumbrado a la edad de mis poemas
Llevo una iliada y media odisea
escribiendo esta casa silenciosa.
Repitiendo la misma escena que hizo que empezara toda esta masacre.
Y no es que te muerda con la fuerza de mis años.
es que, llevo toda la vida mordiendo la misma manzana.
viernes, 27 de junio de 2014
Nikon D3100
Mides la oscuridad con decibelios,
la música pactada es como la inquietud en un poema.
Siempre sabes que decir para guardar
armonía en cada nota tocada en la palabra
igual que se escribe una fotografía con colores
y la metamorfosis es una literatura antigua
a la hora de ver el blanco o el negro en el papel.
Guardas los pedazos del mundo en instantes a color.
Alejandro es un nombre de 3 palabras,
es una guitarra triste con cuerdas estrechas
para sonar más sucio que el silencio de los muebles.
Una sintonía antigua como la radio de los coches,
así decides las conexiones y el tráfico, un beso de metal,
con la sombra de la que se habla cuando me hablas
de una película rodada en 4\3.
Añoro el deseo igual que un dios castiga al autor del mito.
Y aún así, aprendes a coger la cámara desde el objetivo.
Ver el mundo,
compartirlo,
desmontarlo,
escribir una frase en la pared.
Y explicar el mundo como si lo que ve el ojo fuera cierto.
No es nunca nada cierto si lo ve el ojo que espera que veamos.
¿Te has preguntado alguna vez por qué no nos saludamos?
¿O por qué nunca nos despedimos?
No sé despedirme nunca de ti.
Ni decirte hola.
Me resulta violento ser consciente de que cuando me miras así:
Fuera de campo.
No hay cuadro suficiente para entender que falta siempre color
en todas mis fotografías, parece un ejercicio continuo de memoria.
Pero el color es a veces un nombre distinto al mio, de mujer.
la música pactada es como la inquietud en un poema.
Siempre sabes que decir para guardar
armonía en cada nota tocada en la palabra
igual que se escribe una fotografía con colores
y la metamorfosis es una literatura antigua
a la hora de ver el blanco o el negro en el papel.
Guardas los pedazos del mundo en instantes a color.
Alejandro es un nombre de 3 palabras,
es una guitarra triste con cuerdas estrechas
para sonar más sucio que el silencio de los muebles.
Una sintonía antigua como la radio de los coches,
así decides las conexiones y el tráfico, un beso de metal,
con la sombra de la que se habla cuando me hablas
de una película rodada en 4\3.
Añoro el deseo igual que un dios castiga al autor del mito.
Y aún así, aprendes a coger la cámara desde el objetivo.
Ver el mundo,
compartirlo,
desmontarlo,
escribir una frase en la pared.
Y explicar el mundo como si lo que ve el ojo fuera cierto.
No es nunca nada cierto si lo ve el ojo que espera que veamos.
¿Te has preguntado alguna vez por qué no nos saludamos?
¿O por qué nunca nos despedimos?
No sé despedirme nunca de ti.
Ni decirte hola.
Me resulta violento ser consciente de que cuando me miras así:
Fuera de campo.
No hay cuadro suficiente para entender que falta siempre color
en todas mis fotografías, parece un ejercicio continuo de memoria.
Pero el color es a veces un nombre distinto al mio, de mujer.
martes, 24 de junio de 2014
Lectura Ligera
Pesa la ley que cae por la gravedad de tus palabras.
Voz severa, cuerpo disciplinado.
Lees igual que piensas cuando lees.
Sin pensar en que estás diciendo,
cuando lo que dices existe
por la gravedad y la aspereza
de la saliva que cabe en el cráneo
leyendo en voz alta dentro de tu ropa.
Quítate los ojos para pasar aquí dentro.
La lengua besa el iris al recorrer lo obvio.
Palabras que son tinta comprometida de la sangre de un libro.
París sangra igual que Madrid en sus calles
que no se te olvide Max.
Ahora que todo lo ves y el braile es una lectura ligera de un cuerpo desnudo.
Un cuerpo aprendido a leer sin palabras.
Voz severa, cuerpo disciplinado.
Lees igual que piensas cuando lees.
Sin pensar en que estás diciendo,
cuando lo que dices existe
por la gravedad y la aspereza
de la saliva que cabe en el cráneo
leyendo en voz alta dentro de tu ropa.
Quítate los ojos para pasar aquí dentro.
La lengua besa el iris al recorrer lo obvio.
Palabras que son tinta comprometida de la sangre de un libro.
París sangra igual que Madrid en sus calles
que no se te olvide Max.
Ahora que todo lo ves y el braile es una lectura ligera de un cuerpo desnudo.
Un cuerpo aprendido a leer sin palabras.
lunes, 23 de junio de 2014
Pies negros
Aquel fuego extraño quemaba sin hogar.
Y no lo juzgo por querer arder así
tan primitivo en su odio rojo
al detenerse en la carne goteada
del color que pinta un primer beso
cuando se da desnudo.
Yo doy desnudo un uso distinto a los hogares.
Conozco las banderas y los pueblos
que han muerto por una mujer distinta,
juventud, ideal y belleza.
La revolución siempre se impone
con la misma pasión con la que se ama
a alguien que sólo existe cuando nadie
vigila el baúl sediento del cráneo.
Los huesos negros de los cuervos no distinguen
las alas blancas con las que el polvo inunda la nariz.
Es inútil preguntar dos veces el nombre a alguien fatigado.
Lo que es eterno, el placer, la muerte y la costumbre,
pueblan hogares sedientos del sexo del interior de la ropa.
Tu interior huele como un crimen perfecto.
¿Has preguntado alguna vez al silencio como suena así?
Así cuando me quito la ropa, desabrocho los hogares,
y el fuego es más rojo cuando el cráneo no está enterrado.
Hachas de guerra para los cuervos.
Piel y sexo para los hombres descalzos
que bailan la lluvia igual que un indio,
nativo y sabio como una palabra de tierra
dicha desde el mundo.
El mundo de alguien fatigado y sin amor.
Hablo del amor que puede tener un indio a sus zapatos,
oprimido y con la misma libertad proscrita de un salvaje,
sin oeste, ni tierra que dominar con una cruz o una costumbre.
Acostumbrado a llorar lluvia y sangrar alas blancas.
Salvaje educación de mujeres fieles al castigo de las madres.
Clavado en la pared y con iniciales en vez de nombre.
Ilustre
Nombre
Redentor
Inamovible.
In G minor y sin Adagio.
Claro, como la luna.
Feroz animal educado en la paz griega.
Mi testimonio es tan antiguo como el odio que se enseña a un hijo
que nunca ha entendido, la fatalidad severa del que nace sin padre.
Salvaje y moldeado con el barro y la sangre de las alas blancas de tu lluvia.
Mido la paz en pies.
Conozco la guerra blanca de la piel y el mito.
Decirte así. Incitando a la paz, buscando el mismo honor con el que se muere en la guerra.
Besa la cicatriz negra de los huesos con los que un día te ame
y te queme con el mismo rojo, con el que nace el oeste
salvaje y solitario desenterrando del cuerpo marrón.
El cáncer inamovible, de la redención de tu nombre ilustre.
Pido perdón Padre, pues ella es pecado.
Te escribo pagano con la misma neutralidad, que una pisada ennegrecida por su huella.
Y no lo juzgo por querer arder así
tan primitivo en su odio rojo
al detenerse en la carne goteada
del color que pinta un primer beso
cuando se da desnudo.
Yo doy desnudo un uso distinto a los hogares.
Conozco las banderas y los pueblos
que han muerto por una mujer distinta,
juventud, ideal y belleza.
La revolución siempre se impone
con la misma pasión con la que se ama
a alguien que sólo existe cuando nadie
vigila el baúl sediento del cráneo.
Los huesos negros de los cuervos no distinguen
las alas blancas con las que el polvo inunda la nariz.
Es inútil preguntar dos veces el nombre a alguien fatigado.
Lo que es eterno, el placer, la muerte y la costumbre,
pueblan hogares sedientos del sexo del interior de la ropa.
Tu interior huele como un crimen perfecto.
¿Has preguntado alguna vez al silencio como suena así?
Así cuando me quito la ropa, desabrocho los hogares,
y el fuego es más rojo cuando el cráneo no está enterrado.
Hachas de guerra para los cuervos.
Piel y sexo para los hombres descalzos
que bailan la lluvia igual que un indio,
nativo y sabio como una palabra de tierra
dicha desde el mundo.
El mundo de alguien fatigado y sin amor.
Hablo del amor que puede tener un indio a sus zapatos,
oprimido y con la misma libertad proscrita de un salvaje,
sin oeste, ni tierra que dominar con una cruz o una costumbre.
Acostumbrado a llorar lluvia y sangrar alas blancas.
Salvaje educación de mujeres fieles al castigo de las madres.
Clavado en la pared y con iniciales en vez de nombre.
Ilustre
Nombre
Redentor
Inamovible.
In G minor y sin Adagio.
Claro, como la luna.
Feroz animal educado en la paz griega.
Mi testimonio es tan antiguo como el odio que se enseña a un hijo
que nunca ha entendido, la fatalidad severa del que nace sin padre.
Salvaje y moldeado con el barro y la sangre de las alas blancas de tu lluvia.
Mido la paz en pies.
Conozco la guerra blanca de la piel y el mito.
Decirte así. Incitando a la paz, buscando el mismo honor con el que se muere en la guerra.
Besa la cicatriz negra de los huesos con los que un día te ame
y te queme con el mismo rojo, con el que nace el oeste
salvaje y solitario desenterrando del cuerpo marrón.
El cáncer inamovible, de la redención de tu nombre ilustre.
Pido perdón Padre, pues ella es pecado.
Te escribo pagano con la misma neutralidad, que una pisada ennegrecida por su huella.
viernes, 20 de junio de 2014
Iusnaturalismo
Primero te toco con los ojos.
El acto de la ropa arrugada es un derecho natural,
nacidos con el mismo botón desabrochado
a la hora de amar siempre te toco por encima.
Encima de la ropa hay manchas de pudor.
La vergüenza con la que se miente a alguien sin oreja
es el diente severo de la frase que incita a masturbar
tal vez, la imaginación o la fe que se tiene en consumir
los cuerpos como hijos caníbales de un padre hambriento.
Piensa que la suciedad de la boca se lava con jabón.
La tradición de la lencería como medida de todas las cosas.
Todas las cosas que nos ponemos y nos quitamos.
Excepto la tradición de sentirse mortal sin la ropa.
He visto gusanos corromper manzanas más civiles.
El acto es en sí abdicar en favor de la carne
permitir que la generación no se implante por edad.
Es más justo así.
El padre entrega al hijo y así nace la nación.
Hay banderas que dividen países
pero mi piel sobre la tuya no conoce asta.
Puedes pensar que aquí soy el rey
pero es un derecho que me negaron al nacer.
Y la verdad lo prefiero así,
prefiero decidir a quien le doy las llaves de mi casa.
Porque sé que de otra manera, nunca me abrirían la puerta.
El acto de la ropa arrugada es un derecho natural,
nacidos con el mismo botón desabrochado
a la hora de amar siempre te toco por encima.
Encima de la ropa hay manchas de pudor.
La vergüenza con la que se miente a alguien sin oreja
es el diente severo de la frase que incita a masturbar
tal vez, la imaginación o la fe que se tiene en consumir
los cuerpos como hijos caníbales de un padre hambriento.
Piensa que la suciedad de la boca se lava con jabón.
La tradición de la lencería como medida de todas las cosas.
Todas las cosas que nos ponemos y nos quitamos.
Excepto la tradición de sentirse mortal sin la ropa.
He visto gusanos corromper manzanas más civiles.
El acto es en sí abdicar en favor de la carne
permitir que la generación no se implante por edad.
Es más justo así.
El padre entrega al hijo y así nace la nación.
Hay banderas que dividen países
pero mi piel sobre la tuya no conoce asta.
Puedes pensar que aquí soy el rey
pero es un derecho que me negaron al nacer.
Y la verdad lo prefiero así,
prefiero decidir a quien le doy las llaves de mi casa.
Porque sé que de otra manera, nunca me abrirían la puerta.
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