martes, 31 de diciembre de 2013

Arde

Hay ciudades que arden por una mujer.

También hay historias legendarias
de nombres engendrados
en el mito y el rumor lejano
de una memoria de tiempo,
piedra, y edades humanas.

El origen de un nombre.
El origen de tu nombre, Irene.

Existe, es, y fue,
tal vez, una edad distinta.

Mi cuerpo arde como una ciudad
fundada en la soledad y la ley
de vivir cada día un poco menos.

Un poco más lejano,
como un viaje de vuelta
al hogar.
Pero sin un hogar al que volver.

La guerra cotidiana de cercar
fotografías, de ignorar la existencia
que duerme atrincherada en mi sofá
con aquella posición tuya sobre mí,
tumbada, como un rito.

La música que dejo de ser tu voz
ya no vive en los pasillos.
Mi habitación ya no esta habitada,
y se conforma con las grietas
de las paredes
marcando cicatrices.

Mi cuerpo arde.
Necesito un par de monedas para los ojos.

No sé viajar al otro lado
sin una promesa clara de horizonte
o una caída vertical.

Alguien alguna vez me dijo
Que no se puede caer desde abajo.
Hay una caída por cada nombre,
hay un fin por cada mito.

Y así vivo mi vida como una tragedia griega.
Cotidiana.
Pero griega.

Digna de un nombre sin leyenda
que arde sin ciudad.







31

Hay fechas en el año que no descansan.
Hay 31 razones por las que verte
otra vez, aquí, al final de todo,
antes de que el calendario muera
bajo la voz solemne de sus campanas,
el champagne, las luces, tú.
Hay 31 razones por las que volver,
del mismo modo que vuelven los años
preguntando sobre la importancia
de su vida, de sus días de papel arrugado
en la carpeta o en las puertas
de los bares.
Te prometo 31 razones por las que volver hoy,
y no mañana, mañana no será tiempo
de volver, porque nunca se termina de ir
un año sin el paso necesario de amigos
que se van, familias que se encuentran
en el porche, labios que se pierden,
manos que se tocan, tú.
Hay 31 razones por las que volver
y preguntarte que tal te ha ido todo este tiempo.
Sigo sin encontrar necesarias las palabras,
Perdido de todo nunca olvidare este año.
Pero es necesario, siempre es necesario
volver, aunque no tenga más que una razón
para despedir el año contigo.
Si con esto te veo una vez más, sonreír,
preguntarte por el trabajo, el amor, la vida.
Y volver 31 pasos atrás sin perder de vista
el año que me dijiste adiós, tú, yo.
Hay fechas que no descansan en todo el año
Pero hoy no es ese día.


lunes, 30 de diciembre de 2013

30

La gente olvida muchas veces
que tiene memoria.

En los peores momentos,
los que vivimos,
con la sensación de la asfixia
apretando recuerdos
entre el pecho
y la memoria,
que siempre se nos olvida
su vida digna en la cabeza,
en lo más alto de la razón
o las dudas de un hombre.

La gente muchas veces es.

Una persona se mide
por el valor que tiene
al aceptar un recuerdo,
separarlo de el dolor
que encierra recordar algo,
saber que algo fue
y ya no es.

Es posiblemente la mayor crudeza.
Es seguramente la prueba más difícil
de saberse aquí y mortal.

Un recuerdo no pesa siempre igual.

Lo peor de un recuerdo es que no pese.
o que se alimente así mismo.

El pasado es en gran medida
todo lo que sabemos con seguridad.

Y sé que parece obvio pensar esto,
también he aprendido que más obvio que el pasado.

Es saber que ahora, ya nada es como recordaba.

Intento olvidar muchas veces.
Pero al final siempre se me olvida.

Que tengo memoria.



domingo, 29 de diciembre de 2013

Último Domingo del año

En parte comparto tus decisiones.
La religiosidad de tus Domingos,
charlas con etiqueta de café
decididas a preguntar que se bebe
cada uno de su vida, de tu marcha.

Pero hoy es Domingo, y tu cuerpo no está aquí.

Aunque forme parte de la monotonía
de las gotas en la acera, y no sepa
esperar la lluvia el cerco del otoño,
sus hojas secas, su asfalto gris.

En parte entiendo tus decisiones,
La fatalidad de tus palabras,
el hueco de Diciembre en la cama
distante de fiestas y regalos.
-Madrid este año arderá entre sus luces-
Porque puede que el invierno
nos traiga sus regalos envueltos
de tabaco, charol, y tacones rojos.
Tal vez el glamour no sea suficiente
para engañarnos y calmar otro
año de decepciones personales
y fatigas en el retrovisor.

Porque la distancia es algo
que se carga en la maleta
y se lleva por desprecio en los zapatos.

Al otro lado de los viajes extranjeros,
fundados con los ánimos de amarte.


Otro año sin irme, que te vas.

sábado, 28 de diciembre de 2013

El Invierno siempre cabe en las bufandas

Aquel hombre de expresión severa fui yo también.
Y no te juzgo.
Tan extraño y tan distante
como el coloquio de los peatones
que comparten la misma acera,
un distinto suelo, pisado con la
distancia horizontal de las baldosas
y esa prisa de cemento, intermitente, de ciudad.
De ámbar en las cebras y pasos festivos.
-La navidad nunca nos da lo que nos corresponde,
y se lleva más de lo que necesita-
Otro año, pero esta vez sin rencores
con grandes deseos e invierno en las bufandas.

Aquel hombre de expresión severa nieva ahora en Madrid.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Conclusiones de Diciembre

Diciembre siempre trae ese olor
a vanos mundos, a luces candentes
y abetos de metal en las plazas
,de pega, como si se pudiera negociar
el sentimiento navideño de tener
aquí otro año, sin capital ni banderas
simplemente tú, en el atolladero
más solemne que promete estas fiestas
y los calcetines colgados de la chimenea,
sin guardar, como los años que prometen
seguir con el adorno de tus labios
sobre un rostro pobre, pero de hombre
firme, decidido a dar lo mejor de si,
en estos días bisiestos.
No soy yo el que empieza el año dos veces
Aunque no nos cueste nada el tiempo,
sale caro si no lo sabes pagar.


jueves, 26 de diciembre de 2013

El 311 de Madrugada

Se deshollan los autobuses en su carne metálica.
Otro día encerrado en el latón
y el cerrojo abierto de las ciudades
mientras la madrugada vive, todavía,
en los ojos de su gente.
El comisario de la luz pica ya los billetes.
Ese olor a ciudad quemada, gasoil,
se hunde en el asiento, se prende en los bolsillos
manteniendo aquellos vaqueros calientes
igual que el invierno pegado en la ventana.
El viejo 311 cumple su horario de vida de autopista y calle,
yo sigo esperando, todavía, que me alumbre,
como siempre a las siete y media
en el otro borde salpicado de tu esquina. Mi parada.
Ruge ya las siete, este viejo renqueante
rueda un día más, coloquial,
vestido de gente preguntada,
de días metropolitanos y libros de bolsillo.
Nadie se ha parado todavía,
todos van con prisa y sangran sus relojes.
Pero tu cojeras el 311 otra vez.
Ya son las siete y media y hay a veces que me pregunto
¿Por qué pulso este botón en el que se para mi mundo
y comienza el tuyo? Llego tarde.
Hoy no estás en la parada, esperando, es extraño,
no me acostumbro a no saber quién eres, a dónde voy yo,
a por qué coges este autobús, y eliges todas las mañanas
el destino incierto de los escaparates del centro,
Debe ser que no me acostumbro a tu constancia.
Nunca nadie se baja dos veces en la misma parada