En el diálogo tranquilo
de la noche ya no
queda ningún homenaje.
La muerte nos tocó en el
momento que comenzamos
a amar.
La adolescente nocturnidad
y la prisa pausada de la
ciudad cuando nadie
la camina.
¿Quiénes cruzan los semáforos?
Ellos también se paran.
Aunque no conozcas
la traducción
ni los colores
de sus voces.
¿Recuerdas el trayecto hasta mi coche?
O tal vez.
La primera vez que exploramos
juntos la intimidad amortiguada
en la parte trasera de aquel
tanque blanco traído del este.
Tú me contaste quién eras
y yo escuchaba quién quería ser.
Pero la muerte no elige los momentos.
Y amar esperando que ocurran
las cosas es todo lo que nos queda
cuando estamos lejos de la ciudad,
y ya nadie cruza los semáforos.
jueves, 22 de diciembre de 2016
miércoles, 21 de diciembre de 2016
Quemarse a lo Bonzo
Hierve la fiebre
en el aliento
despistado
de la piel
incendiada.
Nuestro corazón bombea lodo.
Y las manos desafinan
al tocar el silencio
de esta parte, o la otra.
Posiblemente
- Las tarántulas caduquen
antes que la leche.
¿Eres feliz?
¿Eres feliz?
Eres feliz.
Estaba seguro que esta vez sería definitiva.
Pero nadie se presento,
¿Por qué enterrar el cuerpo?
Voy a quemarme con todo.
en el aliento
despistado
de la piel
incendiada.
Nuestro corazón bombea lodo.
Y las manos desafinan
al tocar el silencio
de esta parte, o la otra.
Posiblemente
- Las tarántulas caduquen
antes que la leche.
¿Eres feliz?
¿Eres feliz?
Eres feliz.
Estaba seguro que esta vez sería definitiva.
Pero nadie se presento,
¿Por qué enterrar el cuerpo?
Voy a quemarme con todo.
lunes, 19 de diciembre de 2016
Deixis
Por qué cae siempre
tan profundo y hondo
el crepúsculo
en el espacio eterno horizontal.
El vértice señala la deixis.
No ocupa su lugar el fantasma
de su ángel.
Bendecido con la cera de sus alas
Intenta arañar el rayo que caliente
sus ojos atados, ladrados y en
paréntesis.
Mira es la consecuencia de sus actos.
Quiso parecer otra ave intentando
huir lejos del dolor de las ramas
que crecen en el tronco de los hombres.
La ceguera y el amor son ya en su corazón
una vela consumida permanente.
Una resurrección, una muerte.
Tres días.
Ya no camina en la hostilidad
que divide el mundo
cuando en unos lugares es de noche
y en otros todavía sigue amaneciendo.
"No hay nada que pueda entregarle el espacio eterno"
tan profundo y hondo
el crepúsculo
en el espacio eterno horizontal.
El vértice señala la deixis.
No ocupa su lugar el fantasma
de su ángel.
Bendecido con la cera de sus alas
Intenta arañar el rayo que caliente
sus ojos atados, ladrados y en
paréntesis.
Mira es la consecuencia de sus actos.
Quiso parecer otra ave intentando
huir lejos del dolor de las ramas
que crecen en el tronco de los hombres.
La ceguera y el amor son ya en su corazón
una vela consumida permanente.
Una resurrección, una muerte.
Tres días.
Ya no camina en la hostilidad
que divide el mundo
cuando en unos lugares es de noche
y en otros todavía sigue amaneciendo.
"No hay nada que pueda entregarle el espacio eterno"
viernes, 16 de diciembre de 2016
Infinitos anteriores
Abres el adjetivo
convocado, y como
un licor trasparente
tus mejillas emborrachan
la intuición común
de una despedida.
Aún no ha terminado
de brotar la tristeza.
Quise tocar tantas sombras.
Perseguido por un fantasma
en la pared.
Se parecen a los círculos
que rompen grano a grano
el tiempo goteado
y vertido encima de algo
tan absurdo y despellejado.
¿Quién no reconoce el alma
que hay en los objetos?
El adorno intacto, tu espectro,
hablo de la esencia que
dejan las cosas, los olores,
el tacto infinito de algo
tocado con anterioridad
por ti.
El límite aún caliente
del Verano en el que
conocimos la pobreza
y la ausencia de ropa.
Por qué te despides
de mi así, tranquilamente
al margen de la edad
que tengamos, sentiría
igual caer la arena
hacia arriba de la copa
partida en dos rombos
que nos conceden
los últimos resquicios.
Y un último adjetivo sincero
que se pronuncia como
un hechizo antiguo y común.
El amor es... lo que te digan los demás.
Para mí es... cada vez que te veo
infinita y tocada
en mi anterioridad.
convocado, y como
un licor trasparente
tus mejillas emborrachan
la intuición común
de una despedida.
Aún no ha terminado
de brotar la tristeza.
Quise tocar tantas sombras.
Perseguido por un fantasma
en la pared.
Se parecen a los círculos
que rompen grano a grano
el tiempo goteado
y vertido encima de algo
tan absurdo y despellejado.
¿Quién no reconoce el alma
que hay en los objetos?
El adorno intacto, tu espectro,
hablo de la esencia que
dejan las cosas, los olores,
el tacto infinito de algo
tocado con anterioridad
por ti.
El límite aún caliente
del Verano en el que
conocimos la pobreza
y la ausencia de ropa.
Por qué te despides
de mi así, tranquilamente
al margen de la edad
que tengamos, sentiría
igual caer la arena
hacia arriba de la copa
partida en dos rombos
que nos conceden
los últimos resquicios.
Y un último adjetivo sincero
que se pronuncia como
un hechizo antiguo y común.
El amor es... lo que te digan los demás.
Para mí es... cada vez que te veo
infinita y tocada
en mi anterioridad.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Lo Inefable
Voy a despellejar
tu retina a cuchilladas.
El beso capilar
de la carne
que busca más
que carne.
Es más tirana la estética
de un cuerpo desnudo
en vertical
empujando gravemente contra otro.
Quiero joder con los ojos del otro.
Hundir el pecho,
reptar contra el hueso
hinchado y exudar
blanco y correoso,
mientras empapados,
tus muslos se rasgan
en violencia y placer.
-"¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?"
Delmira Agustini lo expresaba: "Lo Inefable"
Yo sólo diré que pensar en ti así:
Jodiendo en los ojos de otro,
en la mueca extraña de su cuerpo
censurado.
Es sabotaje.
No es que no se pueda decir,
es que por más que pienso en ti.
No dejo de pensar de aquella manera.
Cómo cuando se piensa que no se sabe
que decir, porque tu imagen desnuda
en la cabeza ocupa mil palabras
que pondrían todo lo que te escribo
así.
En entredicho, entre vivido y recordado.
Ahora el dolor es más líquido,
y mis pensamientos no calman el hambre.
Sonos vocis, qui humet me incertum.
tu retina a cuchilladas.
El beso capilar
de la carne
que busca más
que carne.
Es más tirana la estética
de un cuerpo desnudo
en vertical
empujando gravemente contra otro.
Quiero joder con los ojos del otro.
Hundir el pecho,
reptar contra el hueso
hinchado y exudar
blanco y correoso,
mientras empapados,
tus muslos se rasgan
en violencia y placer.
-"¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?"
Delmira Agustini lo expresaba: "Lo Inefable"
Yo sólo diré que pensar en ti así:
Jodiendo en los ojos de otro,
en la mueca extraña de su cuerpo
censurado.
Es sabotaje.
No es que no se pueda decir,
es que por más que pienso en ti.
No dejo de pensar de aquella manera.
Cómo cuando se piensa que no se sabe
que decir, porque tu imagen desnuda
en la cabeza ocupa mil palabras
que pondrían todo lo que te escribo
así.
En entredicho, entre vivido y recordado.
Ahora el dolor es más líquido,
y mis pensamientos no calman el hambre.
Sonos vocis, qui humet me incertum.
martes, 13 de diciembre de 2016
ゴジラ [Gojira]
"Cuando abrió los ojos
el dinosaurio seguía ahí."
También seguía Tokio
incendiado, su garganta
plateada y su luz
empaquetada de caja
de música china.
Sé que no tiene que ver;
Oriente es aquí igual para todos.
Es un racismo común y compartido.
Odio caer en generalidades.
Siempre hay alguien que
argumenta: "todos somos iguales"
No es verdad.
Por qué si no iba a abrir
los ojos, y aquel lagarto
iba a incendiar aquella ciudad.
Porque se incendia
aquello que no se comprende.
Incluso cuando se entiende
que la ciudad me recuerde
a este lagarto encadenado
que no deja de pensar en nosotros
o en Tokio.
Da lo mismo.
Tanto tú como aquella ciudad
Seguís ahí incendiadas
cada vez que abro
los ojos e interpreto
de nuevo como debió
ser tu piel
Antes de incendiarse
por última vez.
Me quito las escamas
el reguero de sangre
sigue todavía fresco.
Déjame envolver Tokio con tu piel.
el dinosaurio seguía ahí."
También seguía Tokio
incendiado, su garganta
plateada y su luz
empaquetada de caja
de música china.
Sé que no tiene que ver;
Oriente es aquí igual para todos.
Es un racismo común y compartido.
Odio caer en generalidades.
Siempre hay alguien que
argumenta: "todos somos iguales"
No es verdad.
Por qué si no iba a abrir
los ojos, y aquel lagarto
iba a incendiar aquella ciudad.
Porque se incendia
aquello que no se comprende.
Incluso cuando se entiende
que la ciudad me recuerde
a este lagarto encadenado
que no deja de pensar en nosotros
o en Tokio.
Da lo mismo.
Tanto tú como aquella ciudad
Seguís ahí incendiadas
cada vez que abro
los ojos e interpreto
de nuevo como debió
ser tu piel
Antes de incendiarse
por última vez.
Me quito las escamas
el reguero de sangre
sigue todavía fresco.
Déjame envolver Tokio con tu piel.
lunes, 12 de diciembre de 2016
Nient'altro che macerie
Es discreto el sabor
de la niebla;
Puro plomo,
se deshace como
si el aire eligiera
tener hueso.
El rencor de la carne
inyectado en la jeringa,
su astilla clavada
en el frío del pulmón.
Amanece impregnado
de rencor y escepticismo.
5 sentidos cuestionados.
Los ojos tocan
el sonido áspero e
inhalado en la
lengua recurrente
de algún gorrión.
Esto no tenía
por qué acabar así, lo sé.
Perdóname, Esther, pero.
Vivir dentro de la niebla
es como recordar un mundo
de sentidos sin ti.
de la niebla;
Puro plomo,
se deshace como
si el aire eligiera
tener hueso.
El rencor de la carne
inyectado en la jeringa,
su astilla clavada
en el frío del pulmón.
Amanece impregnado
de rencor y escepticismo.
5 sentidos cuestionados.
Los ojos tocan
el sonido áspero e
inhalado en la
lengua recurrente
de algún gorrión.
Esto no tenía
por qué acabar así, lo sé.
Perdóname, Esther, pero.
Vivir dentro de la niebla
es como recordar un mundo
de sentidos sin ti.
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