sábado, 2 de agosto de 2014

Pretérito imperfecto

Pieles blancas para los ojos del dragón.

Escarcha de juventud ilegítima,
en las manos, líneas leídas
vida gitana, monedas de esmeralda.

Compraste la libertad porque te dijeron que así,
libre, serías capaz de negociar de hombre a hombre.

Hay peores grilletes que una boca podrida de decir.
Peor negocio que un cuerpo negociado.

De mano en mano.

La piel blanca es una ropa de calle poco usada.

Además la voz áspera de la alarma
duerme apacible en un monótono cristal,
repetido, y gris, con un brillo de carbón.
hollín, suciedad, trabajos forzados.

Escoria.

Pero no, no, tú, piel blanca.
Esmeralda, gitana civil.

No eres así.

A lo mejor y además, eres un minuto poco usado.
Una pupila gigante y extraña que no sabe dónde mirar.

Léeme en voz alta, así no es tan extraño mirar desde lo oído.

Escucha. Tú, piel blanca, pasado anterior.
Futuro Perfecto.

Presente es siempre todavía y además.

Añadir lentitud al paso primogénito y cotidiano,
pie a pie, tus piernas, y lo que guardas en los bolsillos.

Día si, día nunca, de noche siempre.

La intimidad de tu boca al pronunciar la palabra soledad
y ser compartida como un peaje de otra mitad
de juventudes distintas para la misma forma de tocar.

Que todo lo que tocas se hace polvo, necesario hollín.

Escoria.

Tiempo a tiempo, del plasma a la memoria.
``Muérdeme más fuerte´´

Quieres sentir dolor en el mismo momento que eres besada, por otro.
Montar en cólera y ser feliz porque sientes que es real, por mí.

Sucedes después de mirarme pequeño y antónimo.

20 años de monedas de plata, para que te voy a mentir.

La pobreza es una disciplina que practico por edad,
es una deuda conmigo mismo para los demás.

Y además.

Pobreza es sinónimo de Escoria.

Restos y restos de un conjunto de montones de mí
apilados enfrente de una identidad nacional
50997003T.

Documento obligatorio para cualquier insolvente.

Al menos tengo identidad,
yoísmo. Pero sigo sin saber quien eres tú.

Piel neutra, gitana civil, antónima escoria restos y restos de ti.

Eres sinónimo de Invierno. Antepenúltima estación.

En definitiva: Pasado.
Presente anterior.

Futuro insolvente.

Eres feliz, pero todavía, y además, no lo sabes.
Porque sigues mirando gigante y extraño el mundo.

Pero llegará el momento en el que metas la mano en el bolsillo
y no quede más carbón, la presión hace diamantes.

Y tu piel, blanca, ya brilla, no necesitas tiempos verbales.

Eres como el Invierno, necesario, traes tu color blanco
y limpias los restos y restos que quedan de nosotros.

Escoria, durezas en mi ropa.

Usado.
Nostalgia de ti.
Nostalgia del absoluto.

Ahora di: Presente anterior. No.

Futuro inmediato.

Pasado Perfecto.

Recuerda que eres feliz, además y todavía.
Porque el tiempo.

Sólo es una forma de decirte a ti misma.

Yo soy diamante.

El resto es escoria. la historia no es, ni existe.

Eres tú.
  Piel blanca.






viernes, 1 de agosto de 2014

¿Por qué no es útil la literatura?

Impostor.

Tu amistad vale palabra sin coma.
Sin una pausa meditada que me de razón
o solución al dolor que el mundo comparte.

Desde ti para el mundo, me devuelves existencia.

Deseo desear.

Quizás no estuve tan acertado al existir.
Los tiempos verbales son estados del yo,
y yo, nunca coloco las tildes, me faltan pasados,
nunca he utilizado ningún verbo auxiliar que me diga.

¿Cómo me va a querer alguien si no me amo a mi mismo cuando escribo?

La literatura es inútil,
lo he aprendido de la vida.

No vale creer que el mundo es más exacto con palabras.

La verdad, es que me falta mucha exactitud para vivir,
y tú tienes miedo al futuro, porque no puedes leer, ni escribir,
algo que jamás te ha sucedido, todavía.

Vives vidas como lecciones de historia.

Te equivocas, alguien te juzga, y se cree con potestad
de decirte así, como debes de ser o debiste de haber.

Verbos inútiles de auxilio.

Prefiero vivir en un presente continuo sin ti,
que vivir un pasado perfecto que ya hubiese sido.
Desorden, pluscuamperfecto.
Ojala es un verbo auxiliar para un tiempo anterior.

Y todavía me preguntarás: Por qué es inútil la literatura.

Es inútil, porque por mucho que cambie los tiempos.

Nunca acierto en el adecuado para decirme contigo.

Ojala yo, en un continuo presente, vuelva a ser
lo que debí ser o hubiese, para poder haber sido
lo que fui, o habré de decir...

Es inútil, no puedes tener miedo de algo que no ha ocurrido, todavía.
Futuro es, el tiempo verbal más pasado que te conozco.

Sólo puedes pensarlo desde algo más perfecto y anterior.

Presente continuo.


miércoles, 30 de julio de 2014

TDT

Cualquier tiempo remoto funciona a distancia.

Distancias separadas.

Tengo distintos lugares para colocar
todos los desordenes que  no termino
de recoger.

Recoger una habitación y vaciar el armario.
Poner las zapatillas en la ventana,
la ropa tendida en la silla que gira
izando las banderas semanales
de los pantalones bajados
y las camisas a la fuerza.

Nos ponemos siempre la misma ropa para no equivocarnos de persona.

Etiquetas para valorar más las distancias,
marcas en la ropa para cuidar mas la piel,
parecer una extraña serpiente
en la fauna salvaje de una habitación
cualquier Martes.

Cazar trofeos para, tal vez,
quitarte el desorden y parecer
que todo es correcto así,
desde el caos, un perfecto orden imperfecto.

Mudar es una disciplina de sangre fría
hace falta mucho calor y tal vez alguien
que abra la ventana, se siente en la silla,
y me baje los pantalones a la fuerza.

Dicho así, suena salvaje, furtivo y animal.

Cuando abro las habitaciones,
cuando huele a cerrado en mi memoria.

Te pienso así, salvaje animal furtivo.

Sin pantalones, y con mi camisa, en otro orden de cosas.

Aunque no se puede ordenar nada así,
no te encuentro debajo de la ropa.

Extraña piel remota, puesta a distancia.

Separada.

En cualquier habitación también amanece dócil
una luz amaestrada con el plomo de las pupilas.
Pestañas arriba. Melenas que delatan sexo o soledad.

Solamente sexo practicado solo, solamente.

Te delatan las manos, todavía no has cogido nada de la silla
y pisas las ventanas con los ojos, resolviendo dónde colgar
el siguiente par, que aparente que eres un animal embrutecido.

Violencia en las uñas cuando no tienes a nadie que morder.

Nada que objetar, huele a cerrado, coges el mando
enciendes el televisor, separando la distancia otra vez.

Remotamente.

Rutina de animal herido, terrible depredador bípedo.
Rey de la selva del sofá.

Haz la cama, nadie va a venir a deshacerla por ti.

Este cuarto huele a cerrado cuando tú no estás.
Y cuando ella no está, no huele a nada,
no te das cuenta de que nunca a estado aquí.

Te toca levantarte otra vez a cambiar de memoria
a esta no le quedan ya más pilas.

Huele a meada.


lunes, 28 de julio de 2014

Occidente Medio

Siempre ha sido el villano.

Nómada de hogares sin ordenar,
eres carroña de neutralidad fotográfica.

Un pensamiento para una casa vacía.

Tus gafas reflejan una vista cansada,
mayor, como comprometida con el tiempo
y la experiencia de quitarse las lentillas
para ver mejor, sentir que la juventud
es un estado con el que pasa la vida
en las retinas y se dice con el olor
      de un cuerpo sobre otro.

Mueble sobre mueble.

El sabor de la cocina cuando
preparas todas las trincheras
y la guerra civil se impone
solucionando la hermandad
de las cosas necesarias.

Cosas necesarias: Un cepillo.
El sofá, camas sin hacer,
cuartos de baño públicos
y privados.
Salones negociados en la paz y la quietud.

Banderas sin asta para una cena fría.

Que cotidiano es vivir así, en conflicto.
Como si fuera necesario estar descontento
y agradecido con la patria de los calcetines descalzos,
las lavadoras almirantes de sangre de jabón.

Instruir una secadora por si me salpico.

La guerra hace al hombre y también hace habitaciones.

No necesito entender más una frontera
es una línea que separa lo obvio.

Aquí estás tú. Y aquí,
nunca estaré yo.

Las líneas no son justas nunca dan dos partes iguales.

Si esto fuera justo, si fueras justa como está línea del suelo.
No sería necesario estar aquí o allí, ni en el medio.

Sería obvio que no necesitaríamos dos partes iguales.

Que humillación tan desigual para alguien que no le han dejado elegir bando.
Alguien que no puede decidir si está contigo o contra mi.

Contra yo. Jamás.

Practico un nuevo terrorismo. Hago apología de tu habitación sin ordenar.






domingo, 27 de julio de 2014

Carne de gusanos

Fiebre de Luna primogénita de Agosto.

Almacenas luz industrial.
las estanterías del calendario
son celdas para números inexpertos.

Ningún número aquí resuelve la suma de los anteriores.

Los cuerpos tienen el color de la carne.
Pero dime Luna: ¿De qué color puedo esperar un cuerpo celeste?

Tengo carne en el cuerpo.

El color, quiero decir,
la pintura con la que rozo piel
y comparto los rostros lentos
acostumbrados a mirar sin que
nadie me lo pida.

El color carne es parte de cualquier cuerpo.




sábado, 26 de julio de 2014

Un silencio de blanca, dura lo mismo que una blanca

Tu nombre es lo más parecido
a un botón desabrochado que conozco.

Te quita años del nombre.

Tiempo, y ojeras en la ropa tendida,
alzada, entre el hueco que dejas
entre la piel y el hueso.

Te quito nombres porque me faltan años.

¿Alguna vez has cerrado un libro sin leer?
La historia es independientemente de ti
de que tu creas que no leerla es un acto
de rechazo, por una parte, por mi parte
rechazo leer todo lo que cierro.

Ábreme la puerta, soy yo, abre.

Y deja todo cerrado si paso
y no me quedan años, ni ropa que tender.
 Me leo todo lo que me dices.

Es un idioma complicado ser mudo.

Dices de todo y nadie te entiende.
En realidad son ellos que no te escuchan,
que no saben que el silencio también es una lengua sin dientes.

Hablas con la puerta y no te deja pasar.

Es normal, la madera es muda
y la resina y el polvo no alivia los pomos,
huele a memoria.
Humedad, ojos cansados y días de no existir.

Pero sin embargo existes, lo dice aquí,
al lado de tu nombre, en el diccionario.

Busco tu cuerpo aquí para que me defina.
Para ser más exactos con la lengua.

Las palabras sordas y los labios necios.

Carla, ¿Dónde está tu nombre?
Creo que esta aquí callado.
sin decir nada, pero sin embargo,
lo dice aquí, ¿Ves?

Me falta decir(te)lo en alto y que nadie me conteste.

Es un ejercicio de estilo literario.
Tú aquí no puedes decir nada,
eres muda, como una H complicada.

Yo lo digo todo por ti
cuéntame los dientes.

No me caben en la boca más palabras.

Pero piensa que es normal que no te deje hablar(aquí)
Si no, piensa en que dirías.

Desabróchame el botón, o busca tu definición en el diccionario.

Es un idioma viejo el de la ropa tendida
y las lenguas desabrochadas.

Lo sé, porque lo he buscado en el diccionario.

Pero aquí no dice nada de como te llamas.
Lo único que pone es:

silencio
nombre masculino


  1. 1.
    Estado en el que no hay ningún ruido o no se oye ninguna voz.

  2. 2.
    Ausencia de noticias o palabras sobre un asunto.



Pausa puntual. Grito silencio en alto.
Que contradicción.

lunes, 21 de julio de 2014

Carla

Carla no conoce la palabra ojala.

Ella es un invierno propio,
un pequeño pellizco sujetado
en las decisiones o las sonrisas.

Nunca piensa lo que dice,
porque se dice ella siempre para sí

Un puñado de Atrezzo para disimular la vía.

Una nube por cada ojo,
un cielo mirado desde la cocina,
o desde los escaparates de Madrid.

Escaparse, huir, es un acto de exilio personal.

Te alejas de ti misma porque la paz es para los cobardes.

Y yo cuando te miro así, frente a frente,
y tú me dices que no te gustan que te miren, así,
de ojo a nube, desordeno los cuerpos.
Pongo un beso donde no debo,
o te sujeto de las manos contra la pared
como si ser un rehén fuera algo complicado.

No existen para ti momentos erróneos, sino fueras de lugar.

Eres así de triste porque el invierno te hizo blanca,
Complicada soledad una vez bisiesta cada 4 años,
los naufragios oportunos para cualquier bebedor de asfalto
cuando el verano es una playa quemada de Madrid.

La capital de los idiomas cuando no sabes que decirme.

Fiebre para la memoria cuando enfría el pasado,
tienes dentro más dolor que ``sez´´
Pena y un montón de deudas que pagar con piel,
tu alma en carne viva cuando me apuesto la ropa
a que por un puñado de lluvia serías capaz de ser feliz.

Mojarte o morderte los labios si te beso y me dices que no lo sientes.
Que lo que siento es no ser capaz de ser así,
sin ropa y con un puñado de lluvia para que sonrías invierno.

Lola, te guardas las llaves de tu casa en el sujetador.
Es un momento íntimo y lo comprendo a mi también
me gustaría vivir en un hogar así de extraño y joven.

Tocarte las brechas por si acaso te desnudas y no estoy allí para verte.

Carla, no sangras porque las ruinas ya se secaron
y tú eres como la eterna pasión joven de un mármol
que intenta explicar que el frío y el invierno es así
en cada una de sus distintas respuestas.

La respuesta siempre es el desnudo más sencillo,
el que te quita la ropa por repulsión a la piedra que te envuelve.

Mujer por rutina o por excusa,
paladeas el sabor de un beso que nunca te supo a tanto.

Tanto en cuanto nunca voy a saber distinto a como
puedo llegar a saber, en una lengua que sabe a polvo.
Carla tengo la boca llena de arena,
lo digo, porque el tiempo aquí me sabe a poco.

Podemos compartir el infierno también si quieres,
seguro que es un sitio más acogedor que tu invierno,
por lo menos sé, que seguro que hace calor y te puedo quitar la ropa
sin necesidad de tener frío cuando lo haces.

Un invierno propio y un verano que no acaba contigo.

Carla.
Ojala conocieras el significado de la palabra orgullo, o por lo menos de esta, ojala.

Un orgullo tan propio como el invierno cuando te doy un beso.
Y me pasas, porque tenías que pasar(me).