Los baños públicos son la única intimidad que entiendo.
Aquí todo parece más ajeno.
Mugre para alimentar a los herederos
de las ratas, hombres traicionados por hombres.
No conoces sed, la taza está limpia.
Largas lenguas para hablar
de los asuntos de la ropa interior.
Asuntos de cosas necesarias.
Las cosas necesitan de las cosas
parece malsonante admitir que aquí
públicamente existe la vergüenza.
Ocultas la suciedad porque nunca te enseñaron ha lavarte.
Pureza es la mentira que enseñamos
a las cosas necesarias, cuando necesitan de las cosas
y yo, lamedor de retretes, necesito de tus cosas.
Crecemos con la tradición de sentirnos sucios.
No soy el primer manchado por el pecado de otro.
Sexo oral, y consentido, para lavar tu imagen y semejanza.
Hay pantanos amamantados por lobos de otras religiones.
La peste promete curar lo que es necesario para la vida,
los asuntos necesarios de la vida o una vida personal.
Suele ser intransferible, suelo ser parte de la otra parte.
Sujeto a estas cadenas, las cañerías funcionan
como la ropa interior de los hogares y sus casas,
no es lo mismo el hogar que habitar en un ladrillo.
Rey de un trono de mármol, vasallo de el ojo
que lo ve todo, que te mira desde abajo.
Banderas negras y corsarios,
Dios salve al rey.
El ojo que todo lo ve y contempla lo más negro de tu alma.
Siempre mira desde abajo.
miércoles, 16 de julio de 2014
martes, 15 de julio de 2014
Hone-Onna
El primer beso de la piel
las palmas de las manos,
son las únicas incógnitas
necesitan prisa y malas intenciones.
Cuantas veces habré desnudado un cuerpo que no he podido tocar.
Los dedos nacen de la necesidad
de ser un hombre solitario.
¿Por qué me miras así?
¿Por qué miras la ropa
como si fuera algo cansado?
No te vale la sensación
que surge de la necesidad
de estar sólo dentro del vaso,
enfrascado, eterno iceberg,
inundando la juventud
sufrida desde el hígado.
Beberte, comerte, saber ser un hijo ejemplar.
Tomarte así Nebraska.
lejos de casa y cerca de todo.
Ayer siempre será el día anterior.
Y parece lógico.
Pensarte así desde el asiento de los metros
extraña y difícil.
Besarte por primera vez aquí es lo más parecido que conozco
a tener un gesto literario conmigo mismo.
Y parece lógico.
Únicamente es distinto lo que te diferencia del resto.
Un nombre, una casa, un libro, un amor que no te entiende,
Yo también sé que significa la palabra nostalgia
Unicamente es algo diferente y distinto.
Mi nombre, mi casa, tu libro, un gesto literario que no me entiende.
Memoria es un desorden sentimental.
Es no colocar los muebles por ausencia
de un televisor que te diga lo que ver.
Lo que pensar.
Pensarte así, desnuda, o con ausencia de ropa.
Es distinto.
La primera consiste en un acto voluntario.
La segunda es un acto realizado por presión,
es un gesto literario, una metáfora absoluta.
El mismo idioma distinta lengua.
Hablo de besarte y que me pidas que te muerda.
Más fuerte.
Como si no pudiera hacerte daño, no por gesto o por metáfora.
Sino por ausencia de memoria.
domingo, 13 de julio de 2014
Nebraska
Nunca encuentro las palabras acertadas para hablar de ti.
Ni contigo. Tampoco es la opción más correcta
en el mordisco frío del pescado crudo de las 2:00.
Autobús es una palabra conducida y preparada.
Conducida porque sabemos donde nos llevará,
preparada, porque no estoy familiarizado
con los besos dados a horas tan inoportunas.
302 pisadas desde tu casa a despertarme en una cama ajena a las 6.
Tal vez no envejezca igual mi piel.
No me preocupa ser la ropa usada
que apartas con aparente tranquilidad
de encima de la cama, cuando se trata
de ponerme debajo de ti.
Sigo diciendo que besarte así es igual de crudo.
Delgada, cuerpo y sonido roza un nombre de lolita.
Tú. frío, eres la disciplina más delgada del invierno,
su línea es lo que diferencia el hogar y el infierno
la comisura de los labios diciendo que me odias
porque no entiendes la extranjería y pasaporte
de los búhos que vigilan las carreteras por la noche.
Pedir gravedad a un cuerpo encima de otro,
pedirte que la ropa pese menos
que tu cuerpo no sea una tristeza conocida
si lo que se tiene es nostalgia del absoluto.
Absolutamente veremos el coraje que se presupone
cuando el primer beso se da con el mismo valor
con el que nadie lee un libro recién encuadernado.
El señor de las moscas
y el
Yokai del viento.
Nebraska muchas veces es el invierno de las cosas,
de los asuntos exteriores cuando besarte así
supone una grave política interior.
También nos pertenece este desorden
o los ojos
cerrados por momentos.
Porque todas las miradas necesitan envejecer.
Mirarte intensamente y sentirme más adulto
menos crío.
pero con la misma pasión que un adolescente.
Que nunca sabe que decirte
después del beso de las 5:00.
Muchacha difícil, hija de Yokais. Nostalgía del absoluto.
Ni contigo. Tampoco es la opción más correcta
en el mordisco frío del pescado crudo de las 2:00.
Autobús es una palabra conducida y preparada.
Conducida porque sabemos donde nos llevará,
preparada, porque no estoy familiarizado
con los besos dados a horas tan inoportunas.
302 pisadas desde tu casa a despertarme en una cama ajena a las 6.
Tal vez no envejezca igual mi piel.
No me preocupa ser la ropa usada
que apartas con aparente tranquilidad
de encima de la cama, cuando se trata
de ponerme debajo de ti.
Sigo diciendo que besarte así es igual de crudo.
Delgada, cuerpo y sonido roza un nombre de lolita.
Tú. frío, eres la disciplina más delgada del invierno,
su línea es lo que diferencia el hogar y el infierno
la comisura de los labios diciendo que me odias
porque no entiendes la extranjería y pasaporte
de los búhos que vigilan las carreteras por la noche.
Pedir gravedad a un cuerpo encima de otro,
pedirte que la ropa pese menos
que tu cuerpo no sea una tristeza conocida
si lo que se tiene es nostalgia del absoluto.
Absolutamente veremos el coraje que se presupone
cuando el primer beso se da con el mismo valor
con el que nadie lee un libro recién encuadernado.
El señor de las moscas
y el
Yokai del viento.
Nebraska muchas veces es el invierno de las cosas,
de los asuntos exteriores cuando besarte así
supone una grave política interior.
También nos pertenece este desorden
o los ojos
cerrados por momentos.
Porque todas las miradas necesitan envejecer.
Mirarte intensamente y sentirme más adulto
menos crío.
pero con la misma pasión que un adolescente.
Que nunca sabe que decirte
después del beso de las 5:00.
Muchacha difícil, hija de Yokais. Nostalgía del absoluto.
miércoles, 9 de julio de 2014
Casi
La palabra: casi, es una palabra dicha a la mitad.
Casi, entras en mi habitación,
separas la ropa de la piel,
casi colocas despacio tu risa
entre Madrid y los pijamas que te presto.
No me gustan las cartas porque me recuerdan que no sé escribir.
Yo maté a Héctor.
Siento la culpabilidad,
y la dignidad,
con la que se confiesan tus crímenes.
El beso del papel y los trenes de las 6.
Léeme poesía en alto mientras yo me tapo los oídos.
Mientras, casi, tapo el nombre detrás del apellido,
la dirección en la que viven los cuerpos sin hogar.
Las palabras más largas son las tristezas más pequeñas
dichas desde la seguridad y el conformismo de un cuerpo sobre otro.
Sobre a sobre.
Hace calor en la nevera
cuando sirvo la misma cena fría.
Y aún así te quedas a dormir como si no pasara nada.
Casi es la palabra que se dice siempre a la mitad,
después de las dos mitades.
Vienen las charlas sobre sexo,
sobre como entender esta violencia
o el deseo de actuar contra Dios.
Dios, y la mujer que compartió casi las dos mitades de la cama.
Pero nunca se habla con sinceridad
cuando se trata de fingir que venimos a dormir.
Y te despiertas a las 6 con 3 cadáveres sobre la mesa
y un polizón en el sofá, yo también he vivido en Manhattan.
menos que tú y menos real, pero he construido los mismos puentes.
Que impersonal me parece todo este poema dicho por mí.
Aquí nadie espera a Godot, hasta que te marchas con los trenes de las 6.
Casi una mitad, hacen un cuerpo entero.
Casi, entras en mi habitación,
separas la ropa de la piel,
casi colocas despacio tu risa
entre Madrid y los pijamas que te presto.
No me gustan las cartas porque me recuerdan que no sé escribir.
Yo maté a Héctor.
Siento la culpabilidad,
y la dignidad,
con la que se confiesan tus crímenes.
El beso del papel y los trenes de las 6.
Léeme poesía en alto mientras yo me tapo los oídos.
Mientras, casi, tapo el nombre detrás del apellido,
la dirección en la que viven los cuerpos sin hogar.
Las palabras más largas son las tristezas más pequeñas
dichas desde la seguridad y el conformismo de un cuerpo sobre otro.
Sobre a sobre.
Hace calor en la nevera
cuando sirvo la misma cena fría.
Y aún así te quedas a dormir como si no pasara nada.
Casi es la palabra que se dice siempre a la mitad,
después de las dos mitades.
Vienen las charlas sobre sexo,
sobre como entender esta violencia
o el deseo de actuar contra Dios.
Dios, y la mujer que compartió casi las dos mitades de la cama.
Pero nunca se habla con sinceridad
cuando se trata de fingir que venimos a dormir.
Y te despiertas a las 6 con 3 cadáveres sobre la mesa
y un polizón en el sofá, yo también he vivido en Manhattan.
menos que tú y menos real, pero he construido los mismos puentes.
Que impersonal me parece todo este poema dicho por mí.
Aquí nadie espera a Godot, hasta que te marchas con los trenes de las 6.
Casi una mitad, hacen un cuerpo entero.
lunes, 7 de julio de 2014
La muerte de Héctor
El arte de Dios es un crimen.
Las pulgadas olímpicas castigan los yelmos recogidos
con la sangre del Parnaso y la piedad del tiempo.
Cuando te hablo de un tiempo,
hablo del tiempo fuera de la edad
con la que se vive en los libros de historia.
10 años de guerra son suficientes para arder sin motivos.
Amigo mío, lo cierto es que vives en una venganza
hoplítica guardando el escudo y la sangre de tu hogar.
Alimentado por el pan de oro y las cantos con los que se dice
a la muerte o se navega el Egeo, mare nostrum, padre.
Padre castiga con la plaga y la infección la masturbación del alma.
El arte, todo lo referido a la expresión del mito.
Lo que somos, un hombre construido con el barro
salpicado del útero de una tierra infértil y secada
con el semen rocoso de los primeros padres.
De dioses y titanes templados en la tragedia,
castigados a ser eternamente los niños huérfanos
en las rodillas de las piedras que los fundan
si te esculpen así, con el mismo deseo con el que
se enreda la pasión y la sangre en la punta de la lanza
al saciar el estigma indómito del beso de la prudendia.
Y aún así te mataré domador de caballos.
La épica, el nacimiento de una nación en llamas
tallada en la sal de los cristales que rozan la espuma
cuando vomita el mar a sus hijos desterrados y sin tierra.
La tierra azul, de nadie y de la verdad de los aqueos.
Morirás con las mismas manos que te dibujaron
y el tiempo, o el arte, se harán inmortales en tu pecho.
Los cuervos picaran las llagas de tus ojos
y me devorarás así.
Hijo de un crimen.
Nacido del defecto de los dioses.
Nunca aprenderé a morir del todo en los tapices.
Porque el nombre en una historia importa más
que el mito que pueda relegar a un hijo insolente.
Condenado a compartir la infidelidad del nombre de su padre.
El que sostiene el cadáver de madera con la misma tradición
que sujeta el legado de sus dioses en los rituales exquisitos
De dibujarte así desnuda, muerte, madre y esposa.
Hija de la ira y el arte que haces que me quede atrapado en la pintura,
haces que viva siempre dibujado con el mismo color y posición.
En la continua puñalada del Peleida.
Con los tobillos desgastados de tus flechas en París.
Habitante de los frisos sin cariátides.
El crimen siempre justificado, por encima del valor del propio arte.
Y de ti
Las pulgadas olímpicas castigan los yelmos recogidos
con la sangre del Parnaso y la piedad del tiempo.
Cuando te hablo de un tiempo,
hablo del tiempo fuera de la edad
con la que se vive en los libros de historia.
10 años de guerra son suficientes para arder sin motivos.
Amigo mío, lo cierto es que vives en una venganza
hoplítica guardando el escudo y la sangre de tu hogar.
Alimentado por el pan de oro y las cantos con los que se dice
a la muerte o se navega el Egeo, mare nostrum, padre.
Padre castiga con la plaga y la infección la masturbación del alma.
El arte, todo lo referido a la expresión del mito.
Lo que somos, un hombre construido con el barro
salpicado del útero de una tierra infértil y secada
con el semen rocoso de los primeros padres.
De dioses y titanes templados en la tragedia,
castigados a ser eternamente los niños huérfanos
en las rodillas de las piedras que los fundan
si te esculpen así, con el mismo deseo con el que
se enreda la pasión y la sangre en la punta de la lanza
al saciar el estigma indómito del beso de la prudendia.
Y aún así te mataré domador de caballos.
La épica, el nacimiento de una nación en llamas
tallada en la sal de los cristales que rozan la espuma
cuando vomita el mar a sus hijos desterrados y sin tierra.
La tierra azul, de nadie y de la verdad de los aqueos.
Morirás con las mismas manos que te dibujaron
y el tiempo, o el arte, se harán inmortales en tu pecho.
Los cuervos picaran las llagas de tus ojos
y me devorarás así.
Hijo de un crimen.
Nacido del defecto de los dioses.
Nunca aprenderé a morir del todo en los tapices.
Porque el nombre en una historia importa más
que el mito que pueda relegar a un hijo insolente.
Condenado a compartir la infidelidad del nombre de su padre.
El que sostiene el cadáver de madera con la misma tradición
que sujeta el legado de sus dioses en los rituales exquisitos
De dibujarte así desnuda, muerte, madre y esposa.
Hija de la ira y el arte que haces que me quede atrapado en la pintura,
haces que viva siempre dibujado con el mismo color y posición.
En la continua puñalada del Peleida.
Con los tobillos desgastados de tus flechas en París.
Habitante de los frisos sin cariátides.
El crimen siempre justificado, por encima del valor del propio arte.
Y de ti
miércoles, 2 de julio de 2014
Mayoría de Edad
Fundar las cuencas de los ojos,
entorpecer el beso frío de los iris,
sentir el marrón en los colores de la música,
tú, cuerpo delgado, habitante del silencio
de las casas y las habitaciones sin pintar.
Compartes el mismo nombre que me negaron al decirte.
Y te digo, aún así digo, desnuda y sin decir
ni la mitad de lo que dice tu silencio en mi cabeza.
Eres la razón más justa entre la piel
y lo que apalabrar antes de llegar a el mismo acuerdo.
Cuerdas para sujetar un cuerpo
que admite la tensión del fino hilo
que separa la carne de la piel
cuando el sudor corrompe el olor
que seca la ropa después de lavarla.
Yo me lavo siempre las manos antes de tocarte
me educaron así, con un ideal católico y practicante.
Porque practico siempre los mismos errores.
Pensar, antes que nada, en decirte así,
tocarte desnuda sin ser tan torpe y primitivo
como el primer beso de una adolescencia madura.
El hábito hace ser partidario de un hogar de clausuras.
Cada bestia negra es una serpiente enredada
en el estómago corrupto de los cuervos.
Una frase oscura, que justifique siempre todas mis edades.
Ninguna respuesta es absoluta.
Un poema vale por si sólo todas la veces que se dice.
De memoria y con la misma carrerilla
dispuesta a desabrochar el interior de tu vergüenza.
Pero aquí dentro soy un personaje pudoroso.
Por eso siempre salgo fuera, para poder ver desnudo,
tú, cuerpo delgado, huesos de maderas y ojos sin pintar.
El cuervo de Poe es el verano ausente en Diciembre,
es el orgullo de los leones haciendo honor a las canas de mujer.
Y escribí: ``Nunca más´´
De carrerilla,
sin memoria,
y con la prisa
con la que se viste.
El dolor adolescente con el que se lee un poema por primera vez.
Aunque nunca más se vuelvan a leer las misma canas
por la edad incierta con la que habitas en un poema sin llegar a cumplir.
Tú, mayoría de edad.
entorpecer el beso frío de los iris,
sentir el marrón en los colores de la música,
tú, cuerpo delgado, habitante del silencio
de las casas y las habitaciones sin pintar.
Compartes el mismo nombre que me negaron al decirte.
Y te digo, aún así digo, desnuda y sin decir
ni la mitad de lo que dice tu silencio en mi cabeza.
Eres la razón más justa entre la piel
y lo que apalabrar antes de llegar a el mismo acuerdo.
Cuerdas para sujetar un cuerpo
que admite la tensión del fino hilo
que separa la carne de la piel
cuando el sudor corrompe el olor
que seca la ropa después de lavarla.
Yo me lavo siempre las manos antes de tocarte
me educaron así, con un ideal católico y practicante.
Porque practico siempre los mismos errores.
Pensar, antes que nada, en decirte así,
tocarte desnuda sin ser tan torpe y primitivo
como el primer beso de una adolescencia madura.
El hábito hace ser partidario de un hogar de clausuras.
Cada bestia negra es una serpiente enredada
en el estómago corrupto de los cuervos.
Una frase oscura, que justifique siempre todas mis edades.
Ninguna respuesta es absoluta.
Un poema vale por si sólo todas la veces que se dice.
De memoria y con la misma carrerilla
dispuesta a desabrochar el interior de tu vergüenza.
Pero aquí dentro soy un personaje pudoroso.
Por eso siempre salgo fuera, para poder ver desnudo,
tú, cuerpo delgado, huesos de maderas y ojos sin pintar.
El cuervo de Poe es el verano ausente en Diciembre,
es el orgullo de los leones haciendo honor a las canas de mujer.
Y escribí: ``Nunca más´´
De carrerilla,
sin memoria,
y con la prisa
con la que se viste.
El dolor adolescente con el que se lee un poema por primera vez.
Aunque nunca más se vuelvan a leer las misma canas
por la edad incierta con la que habitas en un poema sin llegar a cumplir.
Tú, mayoría de edad.
martes, 1 de julio de 2014
Todas mis edades
La palabra paz en la boca de un mártir
mancha las manos con las que amar
los crímenes cometidos por la carne.
Respirar el último cigarro, una declaración al absolutismo.
Un imperio consumido así, con el negocio
que espera alimentar el odio por el odio.
Un cuerpo acostumbrado a la edad,
a meditar la justicia, como se medita
la sal que cabe en un vaso de agua
que se ahoga entre dos gotas.
El ruido que haces al decir la palabra silencio
o como hablas del ruido cuando no tienes nada que decir.
Dime, ¿Quién eres?
¿Acaso eres la palabra muda que cambia la ropa?
No, es la misma paz que da el verano
cuando llega de repente amarillo
y con el calor que aprieta en el reflejo
de las gafas al mirarlo de frente y arrugado.
Nunca hablo de nada en mis poemas,
es una necesidad impuesta por la mera necesidad.
Me impongo y digo lo que tengo que decirte.
Nada, nunca digo nada.
Pero todo, a veces, es una forma distinta de paz
el hijo rebelde de la literatura que intenta explicarme
porque cuando desnudo estas palabras de guerra
hablan de un silencioso cuerpo desnudo de mujer.
Y no es que suene pretencioso.
Es que te quitaría hasta la última coma,
con tal de ser capaz, de aprender a follar sucio.
Como se hace la poesía de verdad.
Sucia, carnal y desmedida de silencio.
Si no, piensa que siempre que me lees,
nunca escuchas nada, es la voz de tu cabeza
la que me dice así de sucio.
Cuanto ruido blanco para una hoja de papel que no dice nada nuevo.
Acostumbrado a la edad de mis poemas
Llevo una iliada y media odisea
escribiendo esta casa silenciosa.
Repitiendo la misma escena que hizo que empezara toda esta masacre.
Y no es que te muerda con la fuerza de mis años.
es que, llevo toda la vida mordiendo la misma manzana.
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