Soy joven y viejo.
La violencia es una responsabilidad
es lo más justo con el cuerpo.
Hoy me he dado cuenta de algo
soy una persona inexistente,
no deberías estar aquí,
yo, no debería estar aquí.
Y aunque me ves, estoy vacío.
Fracasado y obsoleto
como una palabra fuera de lugar de Camus.
Y los parques no lo entienden,
están terriblemente solos.
Igual que se es terrible solamente
de niño y con el egoísmo impropio
de las manos ocupadas del desuso de los ojos.
Cuando me acostumbro a respirar
la mente oxida la memoria vestida
de ropa, nombres y cuevas habitadas.
Los hogares más tristes son los que se comparten por desorden.
No ves acaso que no veo nada.
Que nada se ve nunca como lo ves tú.
Giro dos veces los manillares de las puertas
por si la primera vez que entro no hay nadie,
pero siempre está ocupada la habitación
de una intimidad tan seca que las espigas
alimentan un trigo gris de gotelé y cuadros
torcidos
a
mitad
de
estrofa.
Soy muy violento, con la boca
escupo la misma saliva
cuando pienso en ti,
que cuando lubricaba tu vergüenza.
La vergüenza de mirarte aquí debajo porque arriba no hay nada que decir.
No me jodas otra vez.
Bastante violento es poner, otra vez, aquí tu nombre junto al mio.
Al lado
de
las
fotografías compartidas
que
están tan rotas
como
este
último
verso
que
intento
escribir
pieza
a
pieza.
Memoria siempre es el mismo nombre de mujer para todos.
viernes, 16 de mayo de 2014
domingo, 11 de mayo de 2014
Femme Fatal
Besas como si no fueras mujer.
Como si el cuerpo fuera un régimen.
Independencia, noir, cigarrillos y tacones.
Traficantes de zapatos y alquitrán.
Bebes igual que besas.
Con el color rojo y sinvergüenza
que afirma la ropa interior.
Me desnudas igual que bebes.
La sed no se puebla igual que el sudor
cuando sujetas una copa menos política.
El glamour compartido de los labios de tu coño
es una caja más negra que la esperanza vendida de Pandora.
Prometeo ya lo hizo una vez y yo desenrosque todas las bombillas.
Deja de joder, no es amor el choque empujado
que te mantiene sujeta a cuatro patas encima de la cama.
Perdón por la brusquedad,
soy un hombre diurno
no entiendo el lenguaje clásico.
Es como si fuera el retrato de un crimen cinematográfico.
Educado fuera de campo
no sea que sientas la necesidad de ver
lo que nadie quiere ver.
No sea que no haya espejo mientras te folle en el baño,
funda, a propósito de mí, todas las bombillas
y la sombra sea una excusa para no saber quien soy.
Sé quien soy, extradiegético, siempre fuera de cuadro,
con la puerta cerrada por si viene Jung a preguntar.
Homme fatale, igualdad para todos.
Hesiódico bíblico y ancestral.
Hasta la más digna se agacha.
No es machismo, es reivindicación,
yo también quiero sentirme más mujer.
Aunque sólo sea, porque ahora me encuentre fatal.
Como si el cuerpo fuera un régimen.
Independencia, noir, cigarrillos y tacones.
Traficantes de zapatos y alquitrán.
Bebes igual que besas.
Con el color rojo y sinvergüenza
que afirma la ropa interior.
Me desnudas igual que bebes.
La sed no se puebla igual que el sudor
cuando sujetas una copa menos política.
El glamour compartido de los labios de tu coño
es una caja más negra que la esperanza vendida de Pandora.
Prometeo ya lo hizo una vez y yo desenrosque todas las bombillas.
Deja de joder, no es amor el choque empujado
que te mantiene sujeta a cuatro patas encima de la cama.
Perdón por la brusquedad,
soy un hombre diurno
no entiendo el lenguaje clásico.
Es como si fuera el retrato de un crimen cinematográfico.
Educado fuera de campo
no sea que sientas la necesidad de ver
lo que nadie quiere ver.
No sea que no haya espejo mientras te folle en el baño,
funda, a propósito de mí, todas las bombillas
y la sombra sea una excusa para no saber quien soy.
Sé quien soy, extradiegético, siempre fuera de cuadro,
con la puerta cerrada por si viene Jung a preguntar.
Homme fatale, igualdad para todos.
Hesiódico bíblico y ancestral.
Hasta la más digna se agacha.
No es machismo, es reivindicación,
yo también quiero sentirme más mujer.
Aunque sólo sea, porque ahora me encuentre fatal.
jueves, 8 de mayo de 2014
Dálmatas
Existo como un ejercicio continuo de memoria.
Me recuerdo siempre de la misma manera.
Nunca he tenido una forma de pensamiento
distinta a ti, o a la forma en la que se mira
el retrato humano de un cuerpo fresco.
Los nombres son continuos ejercicios de memoria.
Soy de esas personas que al leer mueven los labios
para saber si realmente dicen algo, o leen por decir.
Te digo de memoria.
Te leo como quien ojea una revista de párpados.
Leer es un ejercicio continuo de olvidarme
porque nunca me leo dos veces igual,
si la primera la digo sin mover los labios
y la segunda señalo las palabras con el indice.
Así es como se delata a un mentiroso.
Se señala y se toca desde la uña para fuera
para que la huella no manche la hoja.
Los hombres tristes nacen manchados.
Yo lo sé, porque cuando toco un cuerpo,
dejo mis huellas por toda la piel
y se confunde lo que hay debajo
con el sudor que trabaja por arriba.
Masturbar un cuerpo con las manos
es un ejercicio continuo de memoria.
Sé que lo sabéis.
Siempre pensáis con la uña para fuera.
No sea que manche.
Me recuerdo siempre de la misma manera.
Nunca he tenido una forma de pensamiento
distinta a ti, o a la forma en la que se mira
el retrato humano de un cuerpo fresco.
Los nombres son continuos ejercicios de memoria.
Soy de esas personas que al leer mueven los labios
para saber si realmente dicen algo, o leen por decir.
Te digo de memoria.
Te leo como quien ojea una revista de párpados.
Leer es un ejercicio continuo de olvidarme
porque nunca me leo dos veces igual,
si la primera la digo sin mover los labios
y la segunda señalo las palabras con el indice.
Así es como se delata a un mentiroso.
Se señala y se toca desde la uña para fuera
para que la huella no manche la hoja.
Los hombres tristes nacen manchados.
Yo lo sé, porque cuando toco un cuerpo,
dejo mis huellas por toda la piel
y se confunde lo que hay debajo
con el sudor que trabaja por arriba.
Masturbar un cuerpo con las manos
es un ejercicio continuo de memoria.
Sé que lo sabéis.
Siempre pensáis con la uña para fuera.
No sea que manche.
jueves, 1 de mayo de 2014
Vigilancia
Mira debajo de la cama hay monstruos dormidos
Hay memoria y polvo debajo del colchón
las historias de la carne y el frío del invierno.
Mira dentro del armario hay ropa sin usar.
Siempre hay un pijama más salvaje,
un botón sin usar,
y un pantalón sin bolsillos.
No me convertiré en una página de la historia ajena.
No seré nunca el nombre de otra persona
que ocupe un lugar distinto en otra piel compartida.
El insomnio es un peso que cae en los párpados
y se comparte en las legañas.
Las habitaciones son librerías de cuerpos
coleccionan una intimidad,
una forma de mirarse debajo de la cama.
Se aprende a dormir por repetición.
Me lo digo una y otra vez.
No sea que los ojos actúen como cicatriz
testigos despiertos de lo que ven
o dejan de ver siguiendo viéndose cerrados.
Hay memoria y polvo debajo del colchón
las historias de la carne y el frío del invierno.
Mira dentro del armario hay ropa sin usar.
Siempre hay un pijama más salvaje,
un botón sin usar,
y un pantalón sin bolsillos.
No me convertiré en una página de la historia ajena.
No seré nunca el nombre de otra persona
que ocupe un lugar distinto en otra piel compartida.
El insomnio es un peso que cae en los párpados
y se comparte en las legañas.
Las habitaciones son librerías de cuerpos
coleccionan una intimidad,
una forma de mirarse debajo de la cama.
Se aprende a dormir por repetición.
Me lo digo una y otra vez.
No sea que los ojos actúen como cicatriz
testigos despiertos de lo que ven
o dejan de ver siguiendo viéndose cerrados.
viernes, 18 de abril de 2014
Memoria.
El amor es un arma más blanca que Neruda.
Decir: Te quiero.
Debe decirse si uno está desnudo
enfrentado con la piel.
Yo me enfrento a mi pasado y aquí desnudo te veo a ti.
Te quiero.
Y no es que no niegue mi pasado,
Y si es que si acepto mi presente.
Entonces me doy cuenta que el arma más blanca
es aquí y ahora en la ducha con el agua más sucia
mojando el cuerpo más blanco que un poema sin escribir.
La piel del agua se escurre entre las nuestras.
Los escombros húmedos de tus ojos
y las manos construidas de los míos
sujetando la presión del chorro encima de nosotros.
Un beso aquí debajo no limpia el sudor de una noche con nosotros.
Las lágrimas escupidas con sabor a 38 grados
envuelven la costura de tus pechos
y su geografía urbana con vistas a Manhattan.
El sótano resguardado de tus piernas
y los dientes impacientes de los míos.
Se besa la vergüenza igual que se masturba un cuerpo compartido.
Amor salvaje de sofá y atrezzo de humedad.
La saliva lubrica nombres extraños Alejandro.
Es más feliz la mirada evadida del día
que un beso sin sol en el tren de camino a Sonia.
Siempre estoy de camino hacia ti Sonia.
Suelo olvidar nociones idílicas abstractas.
Quiero cumplir años siempre con la misma edad.
Quiero cumplir años contigo y que no exista ningún pasado.
Que sea este presente lo que se cumple con nosotros y tu cuerpo.
Ya no tengo pasado, lo sé, porque ahora sé que:
Solía
Olvidar
Nombres
Incompletos
Alejandro.
Una noción idílica.
Argumentar que te quiero en un poema.
Y apuñalarme el pecho como una ciudad o como en un poema sin Neruda.
Decir: Te quiero.
Debe decirse si uno está desnudo
enfrentado con la piel.
Yo me enfrento a mi pasado y aquí desnudo te veo a ti.
Te quiero.
Y no es que no niegue mi pasado,
Y si es que si acepto mi presente.
Entonces me doy cuenta que el arma más blanca
es aquí y ahora en la ducha con el agua más sucia
mojando el cuerpo más blanco que un poema sin escribir.
La piel del agua se escurre entre las nuestras.
Los escombros húmedos de tus ojos
y las manos construidas de los míos
sujetando la presión del chorro encima de nosotros.
Un beso aquí debajo no limpia el sudor de una noche con nosotros.
Las lágrimas escupidas con sabor a 38 grados
envuelven la costura de tus pechos
y su geografía urbana con vistas a Manhattan.
El sótano resguardado de tus piernas
y los dientes impacientes de los míos.
Se besa la vergüenza igual que se masturba un cuerpo compartido.
Amor salvaje de sofá y atrezzo de humedad.
La saliva lubrica nombres extraños Alejandro.
Es más feliz la mirada evadida del día
que un beso sin sol en el tren de camino a Sonia.
Siempre estoy de camino hacia ti Sonia.
Suelo olvidar nociones idílicas abstractas.
Quiero cumplir años siempre con la misma edad.
Quiero cumplir años contigo y que no exista ningún pasado.
Que sea este presente lo que se cumple con nosotros y tu cuerpo.
Ya no tengo pasado, lo sé, porque ahora sé que:
Solía
Olvidar
Nombres
Incompletos
Alejandro.
Una noción idílica.
Argumentar que te quiero en un poema.
Y apuñalarme el pecho como una ciudad o como en un poema sin Neruda.
miércoles, 16 de abril de 2014
Diarios
La palabra diario es una palabra repetida.
Igual que siempre se repite el Sol.
Supongo que él siempre es el mismo,
sólo cambia el color con el que amanece
es distinto el olor si se comparte con un altavoz.
¿No escuchas como amanece el silencio cuando es de noche?
Diario o nocturno se repiten las palabras.
Repito pronombres que sustituyen una identidad,
una forma de ser aquí y ahora o nunca.
Nunca soy aquí y ahora.
Tacho pieles en la espalda del armario
porque la memoria de la madera
es el serrín que esparzo por mi habitación.
Cuando saco una camisa del fondo,
o desabrocho un cinturón de un pantalón colgado.
Me recuerdo a mi mismo en la ropa de otro.
Otro que te quitaba la ropa y se llenaba de serrín.
Existe ropa de calle más digna que la derrota de los chándales.
Existen sonrisas más dóciles que las mentiras de un espejo.
El color de los ojos hoy lo decidirán tus tacones,
la altura convencida de vértigo, la falda de la piel
cuando las piernas sujetan el encaje del vestido.
Una lágrima de rímel por cada párpado cansado.
Sin crepúsculo que cerrar, escribes un diario,
las mismas palabras en distintas pieles.
Para mí el papel es la piel más sincera de los árboles.
Tállame la vida en el madero.
De la misma madera que se talla la ropa en el armario.
Diariamente y con las mismas palabras:
Intenciones repetidas esculpen nombres extintos.
martes, 15 de abril de 2014
La otra sentimentalidad
Me cuesta afirmar algo tan rotundo como la poesía de la experiencia.
Siempre he creído que la poesía es siempre experiencia.
La otra sentimentalidad, la de lo cotidiano.
Hablo de los platos sin fregar, y la televisión en el salón.
Nunca he tenido fe en las grandes tragedias
ni tampoco he creído en al amor imposible
que supera cualquier barrera a pesar del tiempo.
Para mí, la experiencia es la tristeza y la memoria.
Ya que sólo recuerdo lo triste que soy por tener memoria.
Historia y reflexión moral explicarían este desorden.
Un nombre pintado en la suela del zapato
marca siempre una pertenencia de juguete roto.
Como en las manos de un niño que juega sin nombre.
Él es el gran decididor. Él propone un nombre para su juego.
Primero medita bien una conciencia propia impuesta al muñeco,
es él que da nombre y memoria a una vida plastificada.
Tener nombre es un ejercicio propio de la memoria.
Todo es mentira si es otro el que finge recordar una vida que no es suya.
Y puede que en eso consista mi poesía.
Esta poesía, este ejercicio de memoria.
Escribo para ser otro distinto. Nunca lo olvido,
no soy yo el que está aquí y ahora preguntando
o mirando desde atrás tus piernas.
No soy yo quien recuerda un nombre que no es el mío.
Recuerdo tú nombre y sé que está aquí decidiendo y roto.
Tengo que reunir cada pedazo, reunir cada letra, cada sentido,
esta casa, este televisor apagado, esta mesa vacía de ambición,
esta cocina con el olor todavía a sexo y distancia entre encimeras.
Para mí la poesía es un continuo ejercicio de memoria.
Es parte de mi experiencia. Pero nunca será parte de la tuya.
Siempre he creído que la poesía es siempre experiencia.
La otra sentimentalidad, la de lo cotidiano.
Hablo de los platos sin fregar, y la televisión en el salón.
Nunca he tenido fe en las grandes tragedias
ni tampoco he creído en al amor imposible
que supera cualquier barrera a pesar del tiempo.
Para mí, la experiencia es la tristeza y la memoria.
Ya que sólo recuerdo lo triste que soy por tener memoria.
Historia y reflexión moral explicarían este desorden.
Un nombre pintado en la suela del zapato
marca siempre una pertenencia de juguete roto.
Como en las manos de un niño que juega sin nombre.
Él es el gran decididor. Él propone un nombre para su juego.
Primero medita bien una conciencia propia impuesta al muñeco,
es él que da nombre y memoria a una vida plastificada.
Tener nombre es un ejercicio propio de la memoria.
Todo es mentira si es otro el que finge recordar una vida que no es suya.
Y puede que en eso consista mi poesía.
Esta poesía, este ejercicio de memoria.
Escribo para ser otro distinto. Nunca lo olvido,
no soy yo el que está aquí y ahora preguntando
o mirando desde atrás tus piernas.
No soy yo quien recuerda un nombre que no es el mío.
Recuerdo tú nombre y sé que está aquí decidiendo y roto.
Tengo que reunir cada pedazo, reunir cada letra, cada sentido,
esta casa, este televisor apagado, esta mesa vacía de ambición,
esta cocina con el olor todavía a sexo y distancia entre encimeras.
Para mí la poesía es un continuo ejercicio de memoria.
Es parte de mi experiencia. Pero nunca será parte de la tuya.
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