He mutilado la lengua desnuda de tu hogar.
Allí, habitante de donde vives,
las cuevas secas del mar
invaden la locura blanca de los ojos.
Me miras igual que se mira un crimen.
Me visto siempre con la misma ropa,
sangro siempre con la misma herida
y aun así me coso los botones de distintas
camisas.
Una camisa por si sola sólo vale como motivo de tristeza.
No soy partidario de construir casas sin tejado
cuando llueve se moja el patio y se tienden los abrigos,
abrigos que mueren crucificados en la primavera.
Renacen las flores en las mangas y la alergia
tiene un sabor a picor en las espinas.
Son cuatro estaciones hasta tu casa.
Primavera y volverá a sonreír.
Verano y el calor que te extraña.
Otoño y las puertas sin pestillo.
Invierno y sus labios de silicona
Te abrazaría igual que se abraza por primera vez
contra las paredes que sujetan la cultura y los libros.
A veces recuerdo un abrazo en la biblioteca,
recuerdo sintaxis y excusas para estudiarnos.
No hay cama más solitaria que la que has compartido.
Y yo, nunca me comparto.
Que sensación tan solitaria,
tan solitario como no poder decirte
como fingir cuando nos vemos
que yo te odio o que tu no me conoces.
Odio no conocer las razones por las que odio tener memoria.
Nunca es demasiado tarde para saber que llego tarde
y que esto duele con un nombre u otro.
No me gusta tener nombre
es una excusa para que me digas,
es una excusa para que te escriba.
Vivir en un papel tiene que ser una forma de inmortalidad distinta.
Claro que también, hay formas de morir de forma eterna indistintamente.
Indistintamente de que muera aquí o allí
Beso la rabia violeta con la que debe besar una orquídea.
Espero marchitarme antes de que llegue el verano
y me pille con la boca seca, la puerta cerrada,
y los labios pegados con silicona.
Negarte tres veces por el placer de las huellas del fino grosor de la piel.
No tengo vergüenza, claro que no tengo ni hogar ni ropa que ponerme.
No cuento nunca con tener dignidad,
ya que para poder sentirme digno
debería de sentirme parte de alguna parte.
El peor exilio siempre se comete con las balas del revolver.
Nunca se puede volver después del primer disparo.
O es que acaso te has olvidado de como me llamo.
Se que me quitarías hasta el nombre.
Pero nunca la memoria.
domingo, 13 de abril de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
Descartes
La boca de la memoria es como un animal herido.
Es tiempo, costumbre, formas de vivir pensando,
formas en las que vivir la costumbre del tiempo
y la sensación de vivir pensando.
Pienso luego tengo boca.
Y memoria.
Estoy cansado de repetir la misma palabra siempre,
parece que nunca se me olvida mencionarla
aquí, allí, o hace años que fueron semanas.
No sé escribir si no es desde el pasado hasta el presente.
Y eso está mal. Se debe escribir siempre desde el presente
hacia el pesado.
Hacer examen de conciencia y poner suspenso a tu cuerpo.
Cometer el mismo pleito carnal a la hora de dar un beso
o besar despacio el musgo y la piedra de las perlas de la boca.
Es más profunda una palabra si se talla contra el suelo.
Las manos de la arena siempre son más finas
que el detalle de una coma rodeada de momentos.
Al fin y al cabo es lo que me queda.
Momentos, que voy eligiendo por descarte.
Pienso, o eso creo.
Es tiempo, costumbre, formas de vivir pensando,
formas en las que vivir la costumbre del tiempo
y la sensación de vivir pensando.
Pienso luego tengo boca.
Y memoria.
Estoy cansado de repetir la misma palabra siempre,
parece que nunca se me olvida mencionarla
aquí, allí, o hace años que fueron semanas.
No sé escribir si no es desde el pasado hasta el presente.
Y eso está mal. Se debe escribir siempre desde el presente
hacia el pesado.
Hacer examen de conciencia y poner suspenso a tu cuerpo.
Cometer el mismo pleito carnal a la hora de dar un beso
o besar despacio el musgo y la piedra de las perlas de la boca.
Es más profunda una palabra si se talla contra el suelo.
Las manos de la arena siempre son más finas
que el detalle de una coma rodeada de momentos.
Al fin y al cabo es lo que me queda.
Momentos, que voy eligiendo por descarte.
Pienso, o eso creo.
martes, 8 de abril de 2014
Hojas
Vosotros siempre cambiáis
yo siempre tengo la misma edad aquí.
Las heridas son un cuerpo de mujer
desprovisto de sangre o cicatriz que alimentar.
Yo siempre tengo los mismos años
en distintas palabras, es un azar contemporáneo.
Nunca expreso la rabia que quiero expresar
me sale sólo un terror distinto, y una indiferencia
de portada de libro, de los que te miran orgullosos
y pasivos desde la permisividad de las tapas.
Tapo una página encima de otra y numero nombres.
Tengo tinta en la mano gris de las comas
y entereza al acabar una frase que no tiene sentido.
¿Verdad que el amor es justo desde el amor?
No encuentro sentido a verdad tan absoluta,
absoluta y mentirosa como un cuerpo de mujer.
Herido.
Como se hiere la sed de la tinta de los libros,
de la misma manera que se aparta una hoja
sobre otra hoja que siempre desvela las hojas.
y hoja a hoja, los arboles de cartón y plástico
hablan un idioma de hojas y lenguas alfabéticas.
El sabor de papel siempre es amarillo,
y no es que yo lo piense, es que se huele desde aquí.
Vosotros siempre cambiáis.
Yo siempre tengo la misma edad en esta hoja.
yo siempre tengo la misma edad aquí.
Las heridas son un cuerpo de mujer
desprovisto de sangre o cicatriz que alimentar.
Yo siempre tengo los mismos años
en distintas palabras, es un azar contemporáneo.
Nunca expreso la rabia que quiero expresar
me sale sólo un terror distinto, y una indiferencia
de portada de libro, de los que te miran orgullosos
y pasivos desde la permisividad de las tapas.
Tapo una página encima de otra y numero nombres.
Tengo tinta en la mano gris de las comas
y entereza al acabar una frase que no tiene sentido.
¿Verdad que el amor es justo desde el amor?
No encuentro sentido a verdad tan absoluta,
absoluta y mentirosa como un cuerpo de mujer.
Herido.
Como se hiere la sed de la tinta de los libros,
de la misma manera que se aparta una hoja
sobre otra hoja que siempre desvela las hojas.
y hoja a hoja, los arboles de cartón y plástico
hablan un idioma de hojas y lenguas alfabéticas.
El sabor de papel siempre es amarillo,
y no es que yo lo piense, es que se huele desde aquí.
Vosotros siempre cambiáis.
Yo siempre tengo la misma edad en esta hoja.
domingo, 6 de abril de 2014
Ropa interior. Calcetines.
La melancolía es una bebida que se sirve fría.
Es el olor más resacoso de desorden,
huele como se debe mover un armario
en una mudanza de ropa resabiada
y sucia con el idioma de los dedos de las manos.
Sujétame la memoria no sea que se caiga.
No sea que sepa de repente quién soy,
o porque hago lo que hago si soy anónimo
cuando te busco con la misma furia
con la que la lengua no me deja decirte.
La hemorragia de la soledad cuando piensas como sangra la ventana.
Las corbatas que te visten a pedazos,
botón a botón.
Desabrochado de la cabeza a los pies
y con la misma sensación de vértigo
que cuando te descalzas los calcetines.
Uno siempre tiene más frío desnudo desde los pies.
Es el olor más resacoso de desorden,
huele como se debe mover un armario
en una mudanza de ropa resabiada
y sucia con el idioma de los dedos de las manos.
Sujétame la memoria no sea que se caiga.
No sea que sepa de repente quién soy,
o porque hago lo que hago si soy anónimo
cuando te busco con la misma furia
con la que la lengua no me deja decirte.
La hemorragia de la soledad cuando piensas como sangra la ventana.
Las corbatas que te visten a pedazos,
botón a botón.
Desabrochado de la cabeza a los pies
y con la misma sensación de vértigo
que cuando te descalzas los calcetines.
Uno siempre tiene más frío desnudo desde los pies.
jueves, 3 de abril de 2014
Ropa Interior. Calzoncillos
La edad es el imperativo más gris de la tristeza.
Me llamo Alejandro tengo 20 años y estoy triste.
Se es triste por convivencia con el pasado,
por conocer una canción con un nombre,
una habitación, una cama, una situación,
un verano, una casa, una noche, una parada de metro,
y una excusa absurda por no saber amar.
Casi tan absurda como plantear que algo
debe de acabar por razones sociales
como por ejemplo ir a la universidad.
No hay razón social más pobre que la de un estudio universal.
No hay peor dolor, que el comprender que ya no duele.
Y esto es una realidad social,
igual que la igualdad no existe
y es algo tan arbitrario como
pactar que todos somos iguales
a la hora de morir e ir al cielo.
El infierno de los cuervos sudando la piel de un sol que no calienta.
Conozco formas de morir o de matar.
Querer amar a alguien es una convención social.
Es el manifiesto comunista más materialista que conozco.
Comunista porque supongo que es común el dolor para todos,
por lo menos se reparte de una forma por igual a toda la clase.
Y es que el amor más crudo es el de clase obrera.
Cruje despacio el pecho y deja que se rompa en acústico.
La verdad no hace eco aún perviviendo el sabor de la mentira,
la verdad es que soy un mentiroso y tengo la boca podrida de verdad.
Mi voz es tan grave como un poema herido.
Escucha las palabras, presta atención:
Colecciono oídos que se visten con el sonido de fondo de una cremallera.
Quién habita detrás de la ropa, no soy yo desnudo.
Puede que sea el mismo pájaro de piedra que aspira
a ser la gárgola eterna protectora de terrazas y vistas cansadas.
Te regalé mi vista cansada cuando te quería quitar la ropa,
te escribo ahora que tengo todo que decirte y nunca te lo dije
porque para mi la palabra muda significa una ropa más interior.
Lo cierto es que mis palabras mudas son desnudas y muy necias.
Me compré una casa con vistas a ninguna parte
por si alguna vez se me olvidaba dónde estaba,
o dónde te quedaste tú, cuando me cogías la mano
por debajo de la mesa para que nadie nos viera.
``We were just kids´´
Lo digo en ingles que es el idioma de tus piernas.
Lo digo sin acento porque es en lo único que pienso.
Intento pensar en ingles, y en ti también.
Izar ruido es negar esperanza.
Me llamo Alejandro tengo 20 años y estoy triste.
Se es triste por convivencia con el pasado,
por conocer una canción con un nombre,
una habitación, una cama, una situación,
un verano, una casa, una noche, una parada de metro,
y una excusa absurda por no saber amar.
Casi tan absurda como plantear que algo
debe de acabar por razones sociales
como por ejemplo ir a la universidad.
No hay razón social más pobre que la de un estudio universal.
No hay peor dolor, que el comprender que ya no duele.
Y esto es una realidad social,
igual que la igualdad no existe
y es algo tan arbitrario como
pactar que todos somos iguales
a la hora de morir e ir al cielo.
El infierno de los cuervos sudando la piel de un sol que no calienta.
Conozco formas de morir o de matar.
Querer amar a alguien es una convención social.
Es el manifiesto comunista más materialista que conozco.
Comunista porque supongo que es común el dolor para todos,
por lo menos se reparte de una forma por igual a toda la clase.
Y es que el amor más crudo es el de clase obrera.
Cruje despacio el pecho y deja que se rompa en acústico.
La verdad no hace eco aún perviviendo el sabor de la mentira,
la verdad es que soy un mentiroso y tengo la boca podrida de verdad.
Mi voz es tan grave como un poema herido.
Escucha las palabras, presta atención:
Colecciono oídos que se visten con el sonido de fondo de una cremallera.
Quién habita detrás de la ropa, no soy yo desnudo.
Puede que sea el mismo pájaro de piedra que aspira
a ser la gárgola eterna protectora de terrazas y vistas cansadas.
Te regalé mi vista cansada cuando te quería quitar la ropa,
te escribo ahora que tengo todo que decirte y nunca te lo dije
porque para mi la palabra muda significa una ropa más interior.
Lo cierto es que mis palabras mudas son desnudas y muy necias.
Me compré una casa con vistas a ninguna parte
por si alguna vez se me olvidaba dónde estaba,
o dónde te quedaste tú, cuando me cogías la mano
por debajo de la mesa para que nadie nos viera.
``We were just kids´´
Lo digo en ingles que es el idioma de tus piernas.
Lo digo sin acento porque es en lo único que pienso.
Intento pensar en ingles, y en ti también.
Izar ruido es negar esperanza.
Tú, que quitas el pecado del mundo
Crucificadme.
Atravesad mis muñecas contra la madera,
atad una corona de espinas alrededor de mi cabeza,
clavad mi memoria en lo alto de este mástil
y hacedme el cordero sin perdón hijo del hombre.
No tengo ni pasado ni padre.
Sólo tengo este pedazo de madera astillado en mi espalda
sujetando la inválida dignidad, digna de un rey judío.
Abandonarse a uno mismo supone un acto de fe digno de Dios.
La tierra cultivada de calvario y piedras
machacan los pies y caminar es una insistencia.
Insisto, dejad que mi fe sea el látigo que despelleja
cada flagelo dibujado roncamente contra mi espalda.
Es la ley del madero una tumba vertical.
El costado se parte en la punzada de la lanza
y el agua brota dando vida a cambio de un pan
y un vino compartido entre la carne de los hombres.
Tomad y comed todos de él, pues este es su cuerpo.
Tomad y bebed todos de él, pues esta es su sangre.
Y yo como buen predicador, fiel al ejemplo,
me lavo las manos con la sangre derramada
y pinto las puertas de mi casa como bastardo
ilegítimo primero entre mis hermanos.
Prójimo del valle de lágrimas
y verdes praderas en las que mi pastor
saca mis tripas por miedo a la corrupción de mi alma.
Dame tres días para morir, no pienso volver de allí.
No es una costumbre sana morir y volver de entre los muertos
me parece una falta de respeto.
Me parece no ser consecuente con tu cuerpo.
Atravesad mis muñecas contra la madera,
atad una corona de espinas alrededor de mi cabeza,
clavad mi memoria en lo alto de este mástil
y hacedme el cordero sin perdón hijo del hombre.
No tengo ni pasado ni padre.
Sólo tengo este pedazo de madera astillado en mi espalda
sujetando la inválida dignidad, digna de un rey judío.
Abandonarse a uno mismo supone un acto de fe digno de Dios.
La tierra cultivada de calvario y piedras
machacan los pies y caminar es una insistencia.
Insisto, dejad que mi fe sea el látigo que despelleja
cada flagelo dibujado roncamente contra mi espalda.
Es la ley del madero una tumba vertical.
El costado se parte en la punzada de la lanza
y el agua brota dando vida a cambio de un pan
y un vino compartido entre la carne de los hombres.
Tomad y comed todos de él, pues este es su cuerpo.
Tomad y bebed todos de él, pues esta es su sangre.
Y yo como buen predicador, fiel al ejemplo,
me lavo las manos con la sangre derramada
y pinto las puertas de mi casa como bastardo
ilegítimo primero entre mis hermanos.
Prójimo del valle de lágrimas
y verdes praderas en las que mi pastor
saca mis tripas por miedo a la corrupción de mi alma.
Dame tres días para morir, no pienso volver de allí.
No es una costumbre sana morir y volver de entre los muertos
me parece una falta de respeto.
Me parece no ser consecuente con tu cuerpo.
miércoles, 2 de abril de 2014
Nunca tuve 16 años
Mi padre me intentó sacar los ojos cuando nací.
Las lecciones de la vida las aprendo en cada corte.
Puedes apuñalar el pecho, pero no late igual
si su sangre está podrida de rencor y odio.
Odio odiar.
Es un sentimiento tan puro, tan negro,
infectado con la pus y la ira aprieta mis ojos,
la ceguera sólo me deja ver lo que quiero ver yo.
Lo cierto es que lo quiero todo y a la vez nada.
Lo cierto es que no sé ya ni lo que odio.
Aprendí a crecer junto a los villanos oxidados del cráneo.
Mi vida empieza en el mismo punto adolescente
dónde con tan solo 16 intenté arrancarme la lengua
las palabras son el hogar que habito después
de prometerme la sombra amarilla quemada de mis dientes.
Siempre muerdo dos veces palabras distintas
Distintos nombres para morder la misma palabra.
Obedezco a los fantasmas que escupen memoria
y desollan las lágrimas dibujadas en la malicia de los iris.
Aprender a odiar, es necesario,
igual que es necesario mirar a la cara cuando se odia.
Te odio.
Quiero querer como se quieren los adolescentes.
Hasta el punto en el que se confunda la jaula,
el cadáver exquisito, y los pulmones apretados de aire
aplastando los mismos huesos que un día simularon
ser parte de un cuerpo acostumbrado a la suciedad del dolor.
El mejor sabor siempre es el que se queda pegado en la memoria.
Sabe putrefacto, sabe como debe de saber el odio.
Me sabe como debe saber el color negro al pintarte la raya de los ojos.
Las lecciones de la vida las aprendo en cada corte.
Puedes apuñalar el pecho, pero no late igual
si su sangre está podrida de rencor y odio.
Odio odiar.
Es un sentimiento tan puro, tan negro,
infectado con la pus y la ira aprieta mis ojos,
la ceguera sólo me deja ver lo que quiero ver yo.
Lo cierto es que lo quiero todo y a la vez nada.
Lo cierto es que no sé ya ni lo que odio.
Aprendí a crecer junto a los villanos oxidados del cráneo.
Mi vida empieza en el mismo punto adolescente
dónde con tan solo 16 intenté arrancarme la lengua
las palabras son el hogar que habito después
de prometerme la sombra amarilla quemada de mis dientes.
Siempre muerdo dos veces palabras distintas
Distintos nombres para morder la misma palabra.
Obedezco a los fantasmas que escupen memoria
y desollan las lágrimas dibujadas en la malicia de los iris.
Aprender a odiar, es necesario,
igual que es necesario mirar a la cara cuando se odia.
Te odio.
Quiero querer como se quieren los adolescentes.
Hasta el punto en el que se confunda la jaula,
el cadáver exquisito, y los pulmones apretados de aire
aplastando los mismos huesos que un día simularon
ser parte de un cuerpo acostumbrado a la suciedad del dolor.
El mejor sabor siempre es el que se queda pegado en la memoria.
Sabe putrefacto, sabe como debe de saber el odio.
Me sabe como debe saber el color negro al pintarte la raya de los ojos.
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