La melancolía es una bebida que se sirve fría.
Es el olor más resacoso de desorden,
huele como se debe mover un armario
en una mudanza de ropa resabiada
y sucia con el idioma de los dedos de las manos.
Sujétame la memoria no sea que se caiga.
No sea que sepa de repente quién soy,
o porque hago lo que hago si soy anónimo
cuando te busco con la misma furia
con la que la lengua no me deja decirte.
La hemorragia de la soledad cuando piensas como sangra la ventana.
Las corbatas que te visten a pedazos,
botón a botón.
Desabrochado de la cabeza a los pies
y con la misma sensación de vértigo
que cuando te descalzas los calcetines.
Uno siempre tiene más frío desnudo desde los pies.
domingo, 6 de abril de 2014
jueves, 3 de abril de 2014
Ropa Interior. Calzoncillos
La edad es el imperativo más gris de la tristeza.
Me llamo Alejandro tengo 20 años y estoy triste.
Se es triste por convivencia con el pasado,
por conocer una canción con un nombre,
una habitación, una cama, una situación,
un verano, una casa, una noche, una parada de metro,
y una excusa absurda por no saber amar.
Casi tan absurda como plantear que algo
debe de acabar por razones sociales
como por ejemplo ir a la universidad.
No hay razón social más pobre que la de un estudio universal.
No hay peor dolor, que el comprender que ya no duele.
Y esto es una realidad social,
igual que la igualdad no existe
y es algo tan arbitrario como
pactar que todos somos iguales
a la hora de morir e ir al cielo.
El infierno de los cuervos sudando la piel de un sol que no calienta.
Conozco formas de morir o de matar.
Querer amar a alguien es una convención social.
Es el manifiesto comunista más materialista que conozco.
Comunista porque supongo que es común el dolor para todos,
por lo menos se reparte de una forma por igual a toda la clase.
Y es que el amor más crudo es el de clase obrera.
Cruje despacio el pecho y deja que se rompa en acústico.
La verdad no hace eco aún perviviendo el sabor de la mentira,
la verdad es que soy un mentiroso y tengo la boca podrida de verdad.
Mi voz es tan grave como un poema herido.
Escucha las palabras, presta atención:
Colecciono oídos que se visten con el sonido de fondo de una cremallera.
Quién habita detrás de la ropa, no soy yo desnudo.
Puede que sea el mismo pájaro de piedra que aspira
a ser la gárgola eterna protectora de terrazas y vistas cansadas.
Te regalé mi vista cansada cuando te quería quitar la ropa,
te escribo ahora que tengo todo que decirte y nunca te lo dije
porque para mi la palabra muda significa una ropa más interior.
Lo cierto es que mis palabras mudas son desnudas y muy necias.
Me compré una casa con vistas a ninguna parte
por si alguna vez se me olvidaba dónde estaba,
o dónde te quedaste tú, cuando me cogías la mano
por debajo de la mesa para que nadie nos viera.
``We were just kids´´
Lo digo en ingles que es el idioma de tus piernas.
Lo digo sin acento porque es en lo único que pienso.
Intento pensar en ingles, y en ti también.
Izar ruido es negar esperanza.
Me llamo Alejandro tengo 20 años y estoy triste.
Se es triste por convivencia con el pasado,
por conocer una canción con un nombre,
una habitación, una cama, una situación,
un verano, una casa, una noche, una parada de metro,
y una excusa absurda por no saber amar.
Casi tan absurda como plantear que algo
debe de acabar por razones sociales
como por ejemplo ir a la universidad.
No hay razón social más pobre que la de un estudio universal.
No hay peor dolor, que el comprender que ya no duele.
Y esto es una realidad social,
igual que la igualdad no existe
y es algo tan arbitrario como
pactar que todos somos iguales
a la hora de morir e ir al cielo.
El infierno de los cuervos sudando la piel de un sol que no calienta.
Conozco formas de morir o de matar.
Querer amar a alguien es una convención social.
Es el manifiesto comunista más materialista que conozco.
Comunista porque supongo que es común el dolor para todos,
por lo menos se reparte de una forma por igual a toda la clase.
Y es que el amor más crudo es el de clase obrera.
Cruje despacio el pecho y deja que se rompa en acústico.
La verdad no hace eco aún perviviendo el sabor de la mentira,
la verdad es que soy un mentiroso y tengo la boca podrida de verdad.
Mi voz es tan grave como un poema herido.
Escucha las palabras, presta atención:
Colecciono oídos que se visten con el sonido de fondo de una cremallera.
Quién habita detrás de la ropa, no soy yo desnudo.
Puede que sea el mismo pájaro de piedra que aspira
a ser la gárgola eterna protectora de terrazas y vistas cansadas.
Te regalé mi vista cansada cuando te quería quitar la ropa,
te escribo ahora que tengo todo que decirte y nunca te lo dije
porque para mi la palabra muda significa una ropa más interior.
Lo cierto es que mis palabras mudas son desnudas y muy necias.
Me compré una casa con vistas a ninguna parte
por si alguna vez se me olvidaba dónde estaba,
o dónde te quedaste tú, cuando me cogías la mano
por debajo de la mesa para que nadie nos viera.
``We were just kids´´
Lo digo en ingles que es el idioma de tus piernas.
Lo digo sin acento porque es en lo único que pienso.
Intento pensar en ingles, y en ti también.
Izar ruido es negar esperanza.
Tú, que quitas el pecado del mundo
Crucificadme.
Atravesad mis muñecas contra la madera,
atad una corona de espinas alrededor de mi cabeza,
clavad mi memoria en lo alto de este mástil
y hacedme el cordero sin perdón hijo del hombre.
No tengo ni pasado ni padre.
Sólo tengo este pedazo de madera astillado en mi espalda
sujetando la inválida dignidad, digna de un rey judío.
Abandonarse a uno mismo supone un acto de fe digno de Dios.
La tierra cultivada de calvario y piedras
machacan los pies y caminar es una insistencia.
Insisto, dejad que mi fe sea el látigo que despelleja
cada flagelo dibujado roncamente contra mi espalda.
Es la ley del madero una tumba vertical.
El costado se parte en la punzada de la lanza
y el agua brota dando vida a cambio de un pan
y un vino compartido entre la carne de los hombres.
Tomad y comed todos de él, pues este es su cuerpo.
Tomad y bebed todos de él, pues esta es su sangre.
Y yo como buen predicador, fiel al ejemplo,
me lavo las manos con la sangre derramada
y pinto las puertas de mi casa como bastardo
ilegítimo primero entre mis hermanos.
Prójimo del valle de lágrimas
y verdes praderas en las que mi pastor
saca mis tripas por miedo a la corrupción de mi alma.
Dame tres días para morir, no pienso volver de allí.
No es una costumbre sana morir y volver de entre los muertos
me parece una falta de respeto.
Me parece no ser consecuente con tu cuerpo.
Atravesad mis muñecas contra la madera,
atad una corona de espinas alrededor de mi cabeza,
clavad mi memoria en lo alto de este mástil
y hacedme el cordero sin perdón hijo del hombre.
No tengo ni pasado ni padre.
Sólo tengo este pedazo de madera astillado en mi espalda
sujetando la inválida dignidad, digna de un rey judío.
Abandonarse a uno mismo supone un acto de fe digno de Dios.
La tierra cultivada de calvario y piedras
machacan los pies y caminar es una insistencia.
Insisto, dejad que mi fe sea el látigo que despelleja
cada flagelo dibujado roncamente contra mi espalda.
Es la ley del madero una tumba vertical.
El costado se parte en la punzada de la lanza
y el agua brota dando vida a cambio de un pan
y un vino compartido entre la carne de los hombres.
Tomad y comed todos de él, pues este es su cuerpo.
Tomad y bebed todos de él, pues esta es su sangre.
Y yo como buen predicador, fiel al ejemplo,
me lavo las manos con la sangre derramada
y pinto las puertas de mi casa como bastardo
ilegítimo primero entre mis hermanos.
Prójimo del valle de lágrimas
y verdes praderas en las que mi pastor
saca mis tripas por miedo a la corrupción de mi alma.
Dame tres días para morir, no pienso volver de allí.
No es una costumbre sana morir y volver de entre los muertos
me parece una falta de respeto.
Me parece no ser consecuente con tu cuerpo.
miércoles, 2 de abril de 2014
Nunca tuve 16 años
Mi padre me intentó sacar los ojos cuando nací.
Las lecciones de la vida las aprendo en cada corte.
Puedes apuñalar el pecho, pero no late igual
si su sangre está podrida de rencor y odio.
Odio odiar.
Es un sentimiento tan puro, tan negro,
infectado con la pus y la ira aprieta mis ojos,
la ceguera sólo me deja ver lo que quiero ver yo.
Lo cierto es que lo quiero todo y a la vez nada.
Lo cierto es que no sé ya ni lo que odio.
Aprendí a crecer junto a los villanos oxidados del cráneo.
Mi vida empieza en el mismo punto adolescente
dónde con tan solo 16 intenté arrancarme la lengua
las palabras son el hogar que habito después
de prometerme la sombra amarilla quemada de mis dientes.
Siempre muerdo dos veces palabras distintas
Distintos nombres para morder la misma palabra.
Obedezco a los fantasmas que escupen memoria
y desollan las lágrimas dibujadas en la malicia de los iris.
Aprender a odiar, es necesario,
igual que es necesario mirar a la cara cuando se odia.
Te odio.
Quiero querer como se quieren los adolescentes.
Hasta el punto en el que se confunda la jaula,
el cadáver exquisito, y los pulmones apretados de aire
aplastando los mismos huesos que un día simularon
ser parte de un cuerpo acostumbrado a la suciedad del dolor.
El mejor sabor siempre es el que se queda pegado en la memoria.
Sabe putrefacto, sabe como debe de saber el odio.
Me sabe como debe saber el color negro al pintarte la raya de los ojos.
Las lecciones de la vida las aprendo en cada corte.
Puedes apuñalar el pecho, pero no late igual
si su sangre está podrida de rencor y odio.
Odio odiar.
Es un sentimiento tan puro, tan negro,
infectado con la pus y la ira aprieta mis ojos,
la ceguera sólo me deja ver lo que quiero ver yo.
Lo cierto es que lo quiero todo y a la vez nada.
Lo cierto es que no sé ya ni lo que odio.
Aprendí a crecer junto a los villanos oxidados del cráneo.
Mi vida empieza en el mismo punto adolescente
dónde con tan solo 16 intenté arrancarme la lengua
las palabras son el hogar que habito después
de prometerme la sombra amarilla quemada de mis dientes.
Siempre muerdo dos veces palabras distintas
Distintos nombres para morder la misma palabra.
Obedezco a los fantasmas que escupen memoria
y desollan las lágrimas dibujadas en la malicia de los iris.
Aprender a odiar, es necesario,
igual que es necesario mirar a la cara cuando se odia.
Te odio.
Quiero querer como se quieren los adolescentes.
Hasta el punto en el que se confunda la jaula,
el cadáver exquisito, y los pulmones apretados de aire
aplastando los mismos huesos que un día simularon
ser parte de un cuerpo acostumbrado a la suciedad del dolor.
El mejor sabor siempre es el que se queda pegado en la memoria.
Sabe putrefacto, sabe como debe de saber el odio.
Me sabe como debe saber el color negro al pintarte la raya de los ojos.
lunes, 31 de marzo de 2014
Herencia. 3ª Persona
El sudor del sol siempre se pega en mi ventana.
Vivir con la precaución de levantar la persiana
ver que existe una especie de calor transparente
no apacigua el odio de ninguna madre.
Intento quitarme de la piel las manchas de un hogar sucio.
La constancia del polvo es a veces un terror intermitente
almacenado en el cráneo quebrado de las patas de mi mesa.
Los libros y los papeles ahora son parte del paisaje
que el lápiz desafía con un color a herencia pagana.
Ya que yo sólo se heredar lo que me dejan
nunca dejo nada más que mi vacío como regalo.
Alguien habrá que sepa rellenarlo
Alguien habrá que sepa heredarlo.
Prefiero ser triste, a ser un hipócrita.
Firme usted aquí.
Aquí.
Aquí.
Y aquí.
Enhorabuena es usted dueño ya de una memoria.
Espero que sepa darle mejor uso que yo
que sólo se escribir porque perdí todas mis fotografías.
Pero siempre heredo un futuro prestado,
un presente menos lejano
y un pasado que esta ahora aquí conmigo.
Mi herencia es una conjugación tan impersonal.
como que tenga que decir que hay amor
en una continua tercera persona.
Que singular, nunca existe en este verbo una persona plural.
Vivir con la precaución de levantar la persiana
ver que existe una especie de calor transparente
no apacigua el odio de ninguna madre.
Intento quitarme de la piel las manchas de un hogar sucio.
La constancia del polvo es a veces un terror intermitente
almacenado en el cráneo quebrado de las patas de mi mesa.
Los libros y los papeles ahora son parte del paisaje
que el lápiz desafía con un color a herencia pagana.
Ya que yo sólo se heredar lo que me dejan
nunca dejo nada más que mi vacío como regalo.
Alguien habrá que sepa rellenarlo
Alguien habrá que sepa heredarlo.
Prefiero ser triste, a ser un hipócrita.
Firme usted aquí.
Aquí.
Aquí.
Y aquí.
Enhorabuena es usted dueño ya de una memoria.
Espero que sepa darle mejor uso que yo
que sólo se escribir porque perdí todas mis fotografías.
Pero siempre heredo un futuro prestado,
un presente menos lejano
y un pasado que esta ahora aquí conmigo.
Mi herencia es una conjugación tan impersonal.
como que tenga que decir que hay amor
en una continua tercera persona.
Que singular, nunca existe en este verbo una persona plural.
domingo, 30 de marzo de 2014
Nunca llamas antes de entrar.
Siempre llamo dos veces antes de abrir.
La primera por instinto,
La segunda porque no tengo educación.
Descifrar una violencia siempre es complicado
los portazos son palabras en clave de odio,
se resuelven así, de golpe, contra el marco.
No sé nunca como cerrarme, no quiero parecer maleducado.
La primera por instinto,
La segunda porque no tengo educación.
Descifrar una violencia siempre es complicado
los portazos son palabras en clave de odio,
se resuelven así, de golpe, contra el marco.
No sé nunca como cerrarme, no quiero parecer maleducado.
jueves, 27 de marzo de 2014
Transición
Perdonad la gravedad de la voz, uno va teniendo ya una edad,
y la juventud es sólo una voz compartida por la generación.
Hay ancestros más eternos que el coloso indómito de la juventud.
Lo digo porque aquí me siento menos hundido
cuando entre todos levantamos la misma mano
rezando a dioses tan distintos como los credos
que cada padre enseña a repetir a sus hijos.
Buenos salvajes criados con la cautividad de una madre.
Nunca hablo de política, no me gusta comer en la mesa,
tampoco me gusta la compañía ofendida del tenedor
que pincha la carne roja de la revolución.
Hace tiempo que hablo como un abuelo.
Hablo lejano, como en blanco y negro,
Hablo como hablaría si tuviese edad.
Lo cierto es que para mi la juventud sigue siendo un estadio de memoria.
La experiencia se adquiere por edad no por patriotismo.
Defender una historia siempre se defiende desde el color
que se acentúa en la bandera, no siempre son los tres iguales.
Igual que no siempre soy el mismo color.
Supongo que padezco la misma enfermedad siempre.
Perdonad la tos y el carraspeo del cráneo, uno cree que va teniendo una edad.
Y ni siquiera he aprendido a pintar la bandera que yo quiera con mi color.
Da igual, al final la sangre siempre mancha las manos que sujetan estas astillas.
y la juventud es sólo una voz compartida por la generación.
Hay ancestros más eternos que el coloso indómito de la juventud.
Lo digo porque aquí me siento menos hundido
cuando entre todos levantamos la misma mano
rezando a dioses tan distintos como los credos
que cada padre enseña a repetir a sus hijos.
Buenos salvajes criados con la cautividad de una madre.
Nunca hablo de política, no me gusta comer en la mesa,
tampoco me gusta la compañía ofendida del tenedor
que pincha la carne roja de la revolución.
Hace tiempo que hablo como un abuelo.
Hablo lejano, como en blanco y negro,
Hablo como hablaría si tuviese edad.
Lo cierto es que para mi la juventud sigue siendo un estadio de memoria.
La experiencia se adquiere por edad no por patriotismo.
Defender una historia siempre se defiende desde el color
que se acentúa en la bandera, no siempre son los tres iguales.
Igual que no siempre soy el mismo color.
Supongo que padezco la misma enfermedad siempre.
Perdonad la tos y el carraspeo del cráneo, uno cree que va teniendo una edad.
Y ni siquiera he aprendido a pintar la bandera que yo quiera con mi color.
Da igual, al final la sangre siempre mancha las manos que sujetan estas astillas.
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