miércoles, 26 de marzo de 2014

Enigmas

La noche quema menos cuando es de día
supongo que nunca es tarde para amanecer.

De la misma manera, se despierta encontrado,
como con un pacto urbano de paisaje
los rumores apiñados de hormigón y alergia.

Será una primavera dura, con una flor ciudadana.

Ahora es menos verde el nenúfar de la piel
cuando la capital dirige la colmena rabiosa
que conversa con un sentimiento de enjambre.
Los sindicatos de las farolas no trabajan
si no es por imposición de una huelga de cobre.

Volverá a reír seguro.

Con un orgullo y una convicción clara de victoria
se impone siempre la rudeza estival de cada Marzo.

No seremos jóvenes para siempre.

Me regaña el invierno,
no entiendo la lejanía del verano,
igual que no entiendo porque me quito la camisa.

No hay piel debajo, sólo enfermedad nuclear.
A veces me pregunto como se puede odiar tanto algo que no existe.

Ahora imagina que eres tú el que recuerda, que no tienes memoria.

Ya no sé como te llamas, perdona debe ser que.

Intento.
Resolver.
Enigmas.
No.
Elegirlos.

Aunque he aprendido a ser menos distinto cuando me leo.

Siempre.
Orgulloso.
Nunca.
Invencible.
Amor.

Ahora imagina que eres tú el que recuerda porque no tiene memoria.


lunes, 24 de marzo de 2014

Escuela de Odio. EGB

Arena en vez de tiempo, me alimenta su mantequilla podrida.

Por dentro con el abrigo compartido
de la soledad desenfocada desde el borde,
no existe más enjambre que la rutina
que se impone a pesar de su semana.

La rutina de cambiar y ser siempre el mismo.

Te cambias la mirada, te miras sin la ropa,
te pones la lógica encima de la cabeza,
ya sabes, por si acaso piensas más
de lo que podrías razonar sin el color.

Ámbar con un olor frío de droga.
Últimos minutos de minoría.

La asfixia sólo es un recuerdo atrapado
en los icebergs que hunden la cabeza.
El límite siempre está detrás de dónde
pretendes llegar a pesar de forzar el daño.

Se aguanta Madriz desde la última d.

Decidir cada gramo de felicidad
siempre cuesta lo que se entiende por peseta.

25 duros a pesar de ser un chico malo.

El estómago siempre gira con la misma peonza
la infancia se impone por edad y por el odio de los padres.
No sé volver a casa sin una mano
que acoja las recaídas de un anonimato civil.

Escribís todos igual, siempre intentáis imponer vuestra tristeza.
Nunca entenderéis que cada nostalgia pertenece a pasados distintos.

Son intentos de heridas, de distintas vidas encontradas.
Te odio, largo.

domingo, 23 de marzo de 2014

Nineteenager´s

Muérdeme despacio.

Deja que la cicatriz se pudra lenta en la memoria,
que el nombre que se marca en el pecho
no sangre nada más que la sal esparcida de una canción.

Como un sonido de garaje.

El fetiche del olor de unas notas sobre otras
escriben canciones que hablan desde la depresión
de ser tal vez más comprendido de lo que uno gustaría.

Y es que, ser humano es mas común de lo que parece.

No puedo escuchar todo lo que me gustaría.
Soy sordo de nariz, y en mi garaje sólo duermen
los coches compartidos de una generación rebelde.

Apología de un movimiento de tristeza.

El ruido es el emblema de un niño educado
en los valores de una música unplugged.

Suelo machacar bastantes calabazas.

Lo cierto es, que es el sonido joven
de una mermelada adicta al sabor de la basura.

No controlo ninguna de mis adicciones
sólo se alcanzar el nirvana con la radio
inyectada en el dinosaurio junior de mi cabeza.

En continua fase R.E.M nunca duermo
en la salvaje maleza de los arándanos.
Píloto de un templo de piedra
me alzo otra vez contra la máquina
con la misma pregunta reivindicando
ser menos esclavo de este sonido.

Lo mejor de mis muchachos luchadores de Kung Fu.
Es el descendiente de una distorsión social
sometido a las cadenas de Alice.

Este río verde contaminado con el grito de los árboles
Comienza en las rayas blancas de las yardas de mi piel.

La locura de las estaciones no comparten más su fé
A veces me veo como un melón ciego.

Es como un eterno pimiento rojo caliente.

El perfecto agujero de un sonido de jardín,
cuando no queda más oasis
en el patio de recreo de Marcy.
De un niño con el espíritu enfermo desde 1994.



miércoles, 19 de marzo de 2014

Aseos

¿Alguna vez te has mirado como te debe mirar
los ojos interrogados de un espejo?

Lo pregunto por educación.

Por el extraño placer que debe sentirse
al comprender el extraño signo de puntuación
frente a frente.

Hay realidades bien distintas en un cuerpo de cristal.

Lo digo por educación.

Un cuerpo que se desnuda sin su reflejo
comparte el beso que se da con la piel en la memoria.

Sé que me obsesiona el tiempo.

Es curioso comprobar como un reflejo es distinto
a medida que recuerdas con quien compartes el espejo.

No siempre soy yo el que mira desde el otro lado.

En la mayoría de las ocasiones es la cabeza
la que se dice primero, luego el nombre,
después la piel fría de los fantasmas de vidrio,
seguido de un terror de lavabo
y pestillos que se echan por vergüenza
o masturbación adolescente,
descubriendo en el otro de enfrente
un amor impersonal e imaginario.

Siempre nos miramos de manera involuntaria aquí delante.

Aunque es triste como ver que nos falta siempre civismo
y nunca nos presentamos a nosotros mismos.

A pesar de que sea yo el que se presente
delante de un completo desconocido.

domingo, 16 de marzo de 2014

Hoy podría ser Lunes.

Como una chica desgastada de algún barrio perdido de Londres.

Así amaneces Domingo, curioso cuerpo de mujer,
para alguien que se acaba cada semana.

La migraña afónica que no recuerda que día es.

Nunca se que día soy, ni si dejo de vivir apartado,
como se apartan a un lado los lunes para dejar espacio
viciado de ruido y necesidad.

La crema está en la copa del café.
La tarde es, sin duda.

A lo lejos la línea dividida de las trincheras de las nubes
matan despacio el hambre de la luz que calienta un día.

Domingo, eres un nombre inestable y siempre vuelves al final.

Los principios siempre se quedan abiertos con la eterna duda
de la promesa de cambiar esta semana por la otra.
Pero aquí lo único que no cambia es el tiempo,
nosotros cambiamos obligados, es una imposición.

La constancia es la prueba más real de que existe este paso.

El martilleo vuelve siempre a la cadena
y la cuerda cuelga con un nombre diferente,

Lunes. Amaneces.
Martes. Aquí como cualquier día.
Miércoles. Decides.
Jueves. Te equivocas.
Viernes. Un nombre distinto de mujer.
Sábado. Memoria pretérita.

Y al séptimo día descanso.

¿Os dais cuenta?
Al final todo se repite.

Como al principio.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Perdón

Perdón por las faltas de ortografía,
perdón por la falta de edad en mis poemas.

Tener la voz grave, hablar como si uno fuera viejo en su palabra,
implica la sabiduría fingida de un dolor autónomo de historia.

Pero no se puede tener experiencia sin edad
y yo siempre me quito memoria aquí,

Perdonadme, perdón por los nombres,
perdón por deciros aquí a cada uno de vosotros
como si diciéndoos dignificara mi sufrimiento.

Hacer penitencia es un ejercicio de auto-impunidad en decirse.

Y yo siempre repito los mismos nombres
aunque intento cambiar el final de la biografía,
os invento como me invento a mi mismo,
como un hombre agredido por la violencia de los años
y con una barba poblada de blanca vejez,
la voz, tal vez, firme en la ceguera
y la paciencia de un bastón sujetado con el puño,
el puño cerrado y terco de alguien anciano en sus explicaciones.

Escribir muchas veces implica dejar de conocerse para conocer a los demás.

Perdón, pido siempre perdón por no conocerme
por conocer los nombres que, sin embargo,
son como la etiqueta que califica la veracidad de un cuerpo,
un nombre siempre es una piel que nos ponemos
para que los demás nos conozcan.

Mi nombre deja de ser Alejandro aquí para poder entenderme.

Puede que la piel sobre si hay un cuerpo al lado,
sin nombre, sin fecha, sin relato o penitencia.

Falta impunidad para acusarse a uno mismo
para eso ya esta el dedo señalado de la familia.

Perdón por poner nombres en los poemas.
Muchas veces es cuestión de estética,
otras veces simplemente.

Es cuestión de pediros perdón más impersonalmente.




martes, 11 de marzo de 2014

11-M

Hay trenes cargados con la pólvora y el odio.

Las estaciones recorridas de Madrid
no esperan una siguiente parada.
Lo cierto es que 10 años después
siguen sonando los teléfonos
y suena la misma voz en los andenes.

Apología de un terrorismo de metal.
Se funde la carne quemada en los raíles.

Cuando el eco de la llama es otro fuego,
no siempre se arde con un sentido justo
lo merecido puede ser cualquier historia
que sin amor, o por llegar tarde al trabajo
te arrebata la libertad de decidir tu destino.

Quien decide hoy por ti es el verdugo que marca calendarios.

Podríamos haber sido la misma ceniza
que sufren las familias de Marzo,
Podría haber sido yo la hora escogida,
el vagón elegido de un 11 cualquiera.

La suerte no siempre es dadora de vida
y hay veces que quita más de lo que podríamos jugar.

Las estaciones de la memoria son como balas de revolver en una continua ruleta.

Disparan un recuerdo distinto que no calma
10 años de ira y tacto que cuestione la fe que gira
en un mundo que siempre carece, en cierto sentido,
de objeción que implique a Dios en nuestros actos.

Dime Dios ¿Por qué los abandonaste?

Las líneas ya no son amarillas y no distinguen
el abismo que implica pasar del andén al vagón.

10 años después la gente sigue comprometida
con la causa justa del valor que se siente al pisar
de nuevo y con olor a viejo y rencor estos trenes.

Hay Marzos que ni perdonan ni olvidan.

Yo personalmente piso este vagón
como si la cuestión del 11 fuera cuestión de valor y respeto
a una víctima que nunca tuvo la elección
de elegir para él una muerte más digna
y menos cobarde.

Porque Marzo no perdona, ni olvida.