Me acuerdo cuando decidíamos nosotros,
cuando argumentábamos que: Mañana no será lo que Dios quiera.
Exmilitante de una patria impuesta.
Mi cuerpo, sin banderas ni nación,
rebelde y con un mundo de pañuelos
miraba desde dentro de los ojos para afuera,
como debe mirarse la revolución.
Tener la vista cansada a veces supone un ejercicio de memoria.
Aprender a tocar la ropa usada de los lunes
nunca supone una guerra sin firmar con la piel.
Muchas veces me impongo una melancolía afilada con los dientes.
Muerdo la carne como se muerde un pecado
con el consentimiento y la alteración del orden.
Los besos siempre se dan en el mismo orden,
en diferentes lugares pero con la misma cotidianidad.
La curiosidad siempre es un gato de salón
y tú lo sabes que compartes muebles en el desván
alquilado de la lentitud pausada de la juventud.
Sólo se es joven cuando se entiende por desgaste la vejez.
Supongo que Dios es tan eternamente joven
como la experiencia repetida del que desnuda un cuerpo.
Comulgar es un acto de fe e insensatez.
Es masticar un hambre necesaria
con la gula prometida de salvar, tal vez,
la distancia entre un padre y un hijo.
Pastor de un rebaño de memoria.
No existe cordero que tenga piedad de nosotros.
lunes, 10 de marzo de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
Memorias de un rio dividido
Otra forma de vivir la inmensidad de Manhattan,
igual que se madura la tristeza de una memoria repetida.
Cuando te imagino así cotidiana y feliz.
Nunca me cuestiono los hoyuelos de la piel,
las arrugas reiteradas de un contacto de pellejo
de metal y hormigón armado de insistencia civil.
Las ciudades son los habitantes más capitales de la raza.
Amanece siempre un crimen de cráneo férreo.
El ruido de la máquina acaricia unos ojos de café
y obrero fabril de sindicato de sueño americano.
Los muelles edifican también el mar.
De la misma manera que se edifica una tierra sin nadie.
12 millas. Y la estatua ya es libre de sujetar la antorcha
que enciende siempre por las mañanas un sol encendido
eternamente por las luces y el neón de un disparo de East High.
Cada barrio es un terror distinto.
alimenta un miedo de dólares
y creencias de gospel a base de negra mano.
Puede que aquí Dios desnude a un hijo menos prójimo.
Sinónimo de clase baja, las ratas alimentan
el hambre de una rabia de estación central.
Perros de café y droga mediocre para gente humilde.
Supongo que se escribe a una ciudad cuando amanece
como se escribe a una mujer que despierta sin sábanas
Con la vergüenza que se sujeta siempre con cinturón.
Tapando lo que hay debajo por si acaso, más que nada.
Otras veces se regresa con la velocidad de los kilómetros
y los faros amarillos que enlazan rutina y avenida.
Sin venir. como viene siempre la hora de un reloj.
Las zebras cambian el paso a un color blanco de peatón.
Life vest under your seat.
Se despide siempre una voz como se despide la tez ruda
de subterráneo que recita de memoria la siguiente estación.
Existen muchas formas de vivir la inmensidad
pero es cierto que uno se siente inmenso cuando es parte
de algo más grande que él.
Más grande incluso que una la ley implacable de condado.
Más pequeño que una ciudad que amanece cada día dividida.
En una orilla colgada entre Brooklyn y la democracia del Hudson.
igual que se madura la tristeza de una memoria repetida.
Cuando te imagino así cotidiana y feliz.
Nunca me cuestiono los hoyuelos de la piel,
las arrugas reiteradas de un contacto de pellejo
de metal y hormigón armado de insistencia civil.
Las ciudades son los habitantes más capitales de la raza.
Amanece siempre un crimen de cráneo férreo.
El ruido de la máquina acaricia unos ojos de café
y obrero fabril de sindicato de sueño americano.
Los muelles edifican también el mar.
De la misma manera que se edifica una tierra sin nadie.
12 millas. Y la estatua ya es libre de sujetar la antorcha
que enciende siempre por las mañanas un sol encendido
eternamente por las luces y el neón de un disparo de East High.
Cada barrio es un terror distinto.
alimenta un miedo de dólares
y creencias de gospel a base de negra mano.
Puede que aquí Dios desnude a un hijo menos prójimo.
Sinónimo de clase baja, las ratas alimentan
el hambre de una rabia de estación central.
Perros de café y droga mediocre para gente humilde.
Supongo que se escribe a una ciudad cuando amanece
como se escribe a una mujer que despierta sin sábanas
Con la vergüenza que se sujeta siempre con cinturón.
Tapando lo que hay debajo por si acaso, más que nada.
Otras veces se regresa con la velocidad de los kilómetros
y los faros amarillos que enlazan rutina y avenida.
Sin venir. como viene siempre la hora de un reloj.
Las zebras cambian el paso a un color blanco de peatón.
Life vest under your seat.
Se despide siempre una voz como se despide la tez ruda
de subterráneo que recita de memoria la siguiente estación.
Existen muchas formas de vivir la inmensidad
pero es cierto que uno se siente inmenso cuando es parte
de algo más grande que él.
Más grande incluso que una la ley implacable de condado.
Más pequeño que una ciudad que amanece cada día dividida.
En una orilla colgada entre Brooklyn y la democracia del Hudson.
jueves, 6 de marzo de 2014
Homenaje, Marzo
La falda del tiempo siempre describe un beso distinto.
Y es así, como me gusta veros a vosotros,
pálidos cuerpos de un homenaje a Marzo,
No hay tristias en esta memoria
la verdad es que os admiro desde que tengo
uso de razón, aún por un uso desgastado y adolescente.
Queridos Alejandros.
Vuestro ejemplo, es el perfecto ejemplo
de como tener fe, paciencia y dedicación,
a un calendario de agujeros negros.
La constelación repetida que nada
en lo azul que existe en los ojos de la música.
Y es que aquí no suena el silencio.
Los dilemas de las llaves que guardan las esposas
no suenan tampoco a condena o a purga,
lo cierto es que un beso entre vosotros
nunca es como un beso repetido por la experiencia.
Es algo más mitológico como puede ser una ratonera
para habitar cuerpos de plumas y cabezas de león.
Este grifo, es un animal herido pero sigue majestuoso
frente a la delicadeza y dedicación que puede haber
en atestiguar en este aniversario un homenaje
al fuego fatuo que descansa en la amistad
de tal vez un viejo cementerio como es Highgate.
Es como un hada tatuada en la espalda
esperando soportar la magia que encierra
el sueño de una noche de verano.
Cinco veces negada esta oscuridad.
Aprendéis a amar aquello que comparte un mismo nombre
como sois vosotros un mismo nombre sin piel.
Puede que la belleza del infinito repetido de una nana
sea el único motivo digno y piadoso dentro de una colección
de poemas tan horripilantes como las escamas de una orquídea.
Pero si tengo algo claro es que Él, y ella.
Hablo de vosotros Alejandros.
No entendéis la enfermedad que existe en estas hojas.
Y eso es bonito. ¿Sabéis?
Porque vuestros nombres siempre prevalecerán juntos aquí.
A pesar de las comisuras tristes de una orquídea,
A pesar de que yo no quiera tener memoria
y vosotros siempre viváis en este poema recordando
el homenaje de Marzo que merece ser vivido así.
Con la misma esperanza con la que se besa la falda del tiempo.
Y es así, como me gusta veros a vosotros,
pálidos cuerpos de un homenaje a Marzo,
No hay tristias en esta memoria
la verdad es que os admiro desde que tengo
uso de razón, aún por un uso desgastado y adolescente.
Queridos Alejandros.
Vuestro ejemplo, es el perfecto ejemplo
de como tener fe, paciencia y dedicación,
a un calendario de agujeros negros.
La constelación repetida que nada
en lo azul que existe en los ojos de la música.
Y es que aquí no suena el silencio.
Los dilemas de las llaves que guardan las esposas
no suenan tampoco a condena o a purga,
lo cierto es que un beso entre vosotros
nunca es como un beso repetido por la experiencia.
Es algo más mitológico como puede ser una ratonera
para habitar cuerpos de plumas y cabezas de león.
Este grifo, es un animal herido pero sigue majestuoso
frente a la delicadeza y dedicación que puede haber
en atestiguar en este aniversario un homenaje
al fuego fatuo que descansa en la amistad
de tal vez un viejo cementerio como es Highgate.
Es como un hada tatuada en la espalda
esperando soportar la magia que encierra
el sueño de una noche de verano.
Cinco veces negada esta oscuridad.
Aprendéis a amar aquello que comparte un mismo nombre
como sois vosotros un mismo nombre sin piel.
Puede que la belleza del infinito repetido de una nana
sea el único motivo digno y piadoso dentro de una colección
de poemas tan horripilantes como las escamas de una orquídea.
Pero si tengo algo claro es que Él, y ella.
Hablo de vosotros Alejandros.
No entendéis la enfermedad que existe en estas hojas.
Y eso es bonito. ¿Sabéis?
Porque vuestros nombres siempre prevalecerán juntos aquí.
A pesar de las comisuras tristes de una orquídea,
A pesar de que yo no quiera tener memoria
y vosotros siempre viváis en este poema recordando
el homenaje de Marzo que merece ser vivido así.
Con la misma esperanza con la que se besa la falda del tiempo.
martes, 4 de marzo de 2014
Being as an Ocean
Hoy Roma sabe a ruina.
El tiempo que da forma a la piedra
y da dignidad al mausoleo.
Así es como sabe el paladar que talla un beso.
A ruina, o como Roma.
No todos los caminos me conducen a ti.
He tenido que entender los cuerpos
como una obra intacta y sin historia,
un pasado fundado en el carácter
y la disciplina de los ojos.
Los pétalos de la piel a veces son espinas clavadas.
Nunca se viaja con la intención de ver mundo
se viaja por iniciativa de los pies y su pisada.
Aquí donde pisa el mar.
Su beso azul lame el margen de una lengua
que la dice intacta en su marea de entrañas,
igual que se pudre la época desde dentro
en la ocasión quebrada de unos años sin edad.
Es tan eterno el mundo sin nosotros.
Es curioso como mueren continuas lágrimas de sal
en una orilla que nunca le perdona un beso tan azul.
La espuma ahora es libre de ser blanca y arder
como se arde en la piedad de las sirenas
varadas en los cascos viejos de algún titán de vapor.
Ser como el océano.
Prural y sin opúsculo.
Supongo que debería acabar con alguna reflexión este poema.
Pero prefiero mojarme los pies y arder en un beso tan azul
que la eterna espuma de mi memoria me queme en un mundo sin nosotros.
El tiempo que da forma a la piedra
y da dignidad al mausoleo.
Así es como sabe el paladar que talla un beso.
A ruina, o como Roma.
No todos los caminos me conducen a ti.
He tenido que entender los cuerpos
como una obra intacta y sin historia,
un pasado fundado en el carácter
y la disciplina de los ojos.
Los pétalos de la piel a veces son espinas clavadas.
Nunca se viaja con la intención de ver mundo
se viaja por iniciativa de los pies y su pisada.
Aquí donde pisa el mar.
Su beso azul lame el margen de una lengua
que la dice intacta en su marea de entrañas,
igual que se pudre la época desde dentro
en la ocasión quebrada de unos años sin edad.
Es tan eterno el mundo sin nosotros.
Es curioso como mueren continuas lágrimas de sal
en una orilla que nunca le perdona un beso tan azul.
La espuma ahora es libre de ser blanca y arder
como se arde en la piedad de las sirenas
varadas en los cascos viejos de algún titán de vapor.
Ser como el océano.
Prural y sin opúsculo.
Supongo que debería acabar con alguna reflexión este poema.
Pero prefiero mojarme los pies y arder en un beso tan azul
que la eterna espuma de mi memoria me queme en un mundo sin nosotros.
lunes, 3 de marzo de 2014
Palabras Mayores
Son años entregado a la rabia y la repetición.
Aprender a odiar, sólo se odia por nostalgia,
por imposición del polvo repetido en la cabeza
el mismo que amuebla estas estanterías.
Son años entregado a aprender a respirar polvo.
Y así constantemente aprendo a odiarte por nostalgia.
Aprender a odiar, sólo se odia por nostalgia,
por imposición del polvo repetido en la cabeza
el mismo que amuebla estas estanterías.
Son años entregado a aprender a respirar polvo.
Y así constantemente aprendo a odiarte por nostalgia.
domingo, 2 de marzo de 2014
Pieles
Me dices que no esperes que lo entienda
Mientras la interrogación surge de tu boca.
¿En que piensas?
Pienso en que me gustaría escribirte algo
o dibujarte así, desnuda.
Pero hay un inconveniente.
No sé dibujar.
Entonces tú me pides que te escriba desnuda.
A lo mejor te desnudo cada vez que te escribo
y tú no te das ni cuenta, o tal vez si.
Te quitas la piel cada vez que me lees, o te la quito yo.
Hablo de otro tipo de desnudo.
Hablo de como se desnuda una persona cuando lee lo que quiere oír.
En este desnudo siempre hay sitio para dos.
Siempre hay sitio para el que lee,
Y también lo hay, para el que escucha como te quitas la ropa.
Mientras la interrogación surge de tu boca.
¿En que piensas?
Pienso en que me gustaría escribirte algo
o dibujarte así, desnuda.
Pero hay un inconveniente.
No sé dibujar.
Entonces tú me pides que te escriba desnuda.
A lo mejor te desnudo cada vez que te escribo
y tú no te das ni cuenta, o tal vez si.
Te quitas la piel cada vez que me lees, o te la quito yo.
Hablo de otro tipo de desnudo.
Hablo de como se desnuda una persona cuando lee lo que quiere oír.
En este desnudo siempre hay sitio para dos.
Siempre hay sitio para el que lee,
Y también lo hay, para el que escucha como te quitas la ropa.
sábado, 1 de marzo de 2014
Vértigo
Dime una cosa, ¿En que crees que piensan los de abajo?
Te lo digo ahora que desde arriba la perspectiva
el vértigo y las ganas de besar el cristal contra el paisaje
no ofrece ninguna resistencia a mirar desde un mundo vertical.
Te lo digo ahora que te miro como si estando arriba,
la sensación de abismo fuera tan constante como
mirar la gravedad que cae desde arriba.
Y sin embargo, nunca cae un cuerpo dos veces igual.
Lo sabemos los dos desde el borde que palpita
por arrojarse contra tus labios, o los míos.
Es curioso suena a suicidio, premeditado,
y con una alevosía tan cruda como creer
que no sabes como me miras, así,
con ganas de matarte o de besar desde abajo.
Como se besa con los ojos cerrados.
Desde arriba todo parece más sencillo,
saltar sólo es una mala opción si no sabes
dónde puedes llegar a caer, pero un cuerpo
no cae dos veces igual, y esta es la segunda.
Huele como debe oler el salto de los puentes de las ciudades.
Hiede el pólen de los semáforos y los sufridos zapatos
de ciudadanos comprometidos con la causa y el progreso.
No sé como debe saber la sinceridad
pero lo cierto es que tus ojos oyen a los míos.
Y esta boca sorda, no conoce el tacto del sonido.
Vaya parece que todo carece de sentidos
si se besa desde arriba, para abajo.
Como quien besa después de entregar un regalo con los ojos cerrados.
Dime una cosa: ¿En que crees que pienso desde aquí arriba?
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