martes, 18 de febrero de 2014

Conde Casal

La tristeza es una responsabilidad
es una piel desnuda, aún intacta.

Sin tocar, virgen de una tierra sin nosotros.

Puebla estás ciudades cuando te ando
como un niño serio castigado,
me recreo andando desde Pacífico
las luces muerden mis piernas
y anochece la brea seca
del alquitrán de mis pulmones
respirando calle y barrio.

Una calle sin nosotros es como una patria dividida.

Es el viejo dolor primitivo de un semáforo
el que pide peaje para cruzar el borde interrogante.

Saben los ojos a cloaca
las palmas de mi mano sujetan el frío,
y comienza el pálido beso de las once.

Todavía espera el autobús, quizás.
O quizá no, soy yo el que espera,
como siempre, espero.

Se apaga el ronco desgaste de las hogueras en las farolas.
Las once y dos.

Se abre la puerta, entro sin hacer ruido.
Y cinco.

Arranca ya. Riegan las estrella una noche poco cordial
y comienza a quemar rueda este pellejo metálico.
Inerte me confundo con mi asiento, cierro los ojos,
los abro, tal vez, no me acuerdo ya, no quiero acordarme,
no se dónde voy a bajarme esta vez.

Es lo que tiene cuando subes a un sitio
sin sentir la necesidad de tener que llegar
a algún lugar, a alguna hora.

domingo, 16 de febrero de 2014

Tiempos Verbales

Huele como a memoria de desván,
aquí arriba me refiero, sabe a desorden.

El tiempo que cruje la madera
no espera desgastar los cuadros
que se tuercen, son clavos peores,
los que te miran desde una fotografía.

Es curioso como habitan en arañas
y finos hilos que conectan siempre
un pasado más pretérito,
no quiero decir que sea bueno o malo,
es simplemente otro tiempo.

Pluscuamperfecto o indefinido.

Siempre se mira el presente 
con ojos de futuro,
como un momento de intriga
que suspende un continuo 
suspense.

A condición de aceptar un tiempo más perfecto.

Nunca se mira dos veces igual
en el mismo giro, no sé si me entendéis,
es como que el recuerdo que tú vives
no tiene nada que ver con lo que los demás,
indefinidos, pretéritos o pluscuamperfectos.
se acuerdan de ti.

No cabe la misma soledad en el pecho
a personas diferentes, igual que la disciplina
que conlleva aceptar el pasado.

No alzo más banderas,
no hay tierra que defender,
sabéis que como siempre
mi tierra, es tu cuerpo,
sabéis de que cuerpo hablo.

Ella también lo sabe.

Pero ya soy como un extranjero fuera de lugar.

Vaya ironía,exiliado por mi pasado,
rechazado por mi futuro,
no me queda más que este presente.

Y yo no sé estar aquí mirando atrás
cuando nada me deja mirar para adelante.

Debe ser que cuando digo tu nombre, Irene,
Yo me encuentro siempre en otro tiempo verbal.

viernes, 14 de febrero de 2014

San Valentín

La nostalgia y la voz seca de la puerta
despierta el placer o la agonía, sueño.

Un día más que es otro día,
gris, en este tenue oasis
abro los ojos y me besa
la melancolía del sol golpeando la ventana.

Con restos de alcohol y cicatrices
la boca sangra un nombre indiferente
que no conozco ya, que no me conoce.

El carmín dibujando cruces en mi cuello
y el olor a soledad que moja la tierra.

Es Febrero, sonríe y ríe despacio y sin aliento
aprendiendo a nevar desde mi ventana
nunca llega mi mirada más allá de la acera,
por miedo, o tal vez conformismo
por entender que ya no volverás a estar aquí.

Hoy mi mente es una ruina.
Coloco piezas e intento encajar
valor, dolor, paciencia y tiempo,
el pecho arde igual, no intento engañarme.

Lo sé, lo sabes tu también que lees.

Es la polémica y las décimas
que cambian de un momento a otro
el tono de una suplica,
la razón disciplinaria de recordar
la humillación de cogerte la mano
y ver como vives mi piel
en el cansancio de tus ojos.

Sólo sé regalarte muerte e ideología.
La ética que plantea intentar despedirme con un beso.

La dosis que mantiene vivo este vértigo
los edificios como guardianes de un Madrid
cimentado en el hormigón colosal de caminar.
en cada paso, una palada, que cava este cementerio.

Vomito y no sacia mi hambre,
tal vez el humo calme esta garganta
pero de momento, un grito en la escalera,
el ruido temprano que cruje la madera,
me astillo los dedos y me agarro a un clavo.

Ardiendo, miro otra vez desde el noveno.
No vienes, y el agua que cae sabe a veneno.

La histeria se inyecta escasa en mis llagas,
la tristeza cabe siempre entre dos palabras,
resacoso y rezagado, mi habitación hace de celda.
me vuelvo a asomar con esperanza,
pero no quedan palomas en mi alfeizar.

Por inercia, el pulso débil de la memoria
invade una cabeza habitada por la claustrofobia,
las décimas de fiebre que calientan
unas encías desgarradas de morder estas dudas.

El ámbar, las mujeres, las coronas y las monedas,
yo sólo conozco malgastar mi tiempo, lo que tengo,
mi fortuna, la herencia que me dejo tu nombre
por costumbre o como herida, aspiro odio,
me calmo, golpeo de nuevo la pared,
e intento seguir con lo que me toca.

Sé que esperáis que os diga un nombre,
tampoco es que esta historia de San Valentín
sea distinta de la vuestra.

Hoy seguro que ella es feliz con él.
No me necesita.

Yo sólo espero calma y decepción.
Vuelvo a la cama, cierro los ojos
y hago como que duermo.





jueves, 13 de febrero de 2014

Pre San Valentín

Lejos de sentir fechas señaladas en un año,
acaba aquí la poca dignidad que presenta
el ronco preludio de un día lleno de amor.

Y vergüenza, mucha vergüenza.

Practicante soñador de un alma masturbada,
comprendo la necesidad tan equivocada
que se me presenta el 13 de Febrero.

Aquí no hay santos,
el amor todavía no ha llegado
y espera la pureza entender
un hueco vacío que rellenar
o rellenarse a uno mismo.

Puede que no sienta ya esa necesidad
la intimidad sólo conoce las facultades
inexpertas de un cuerpo compartido.

Egoísta comparto, a partes iguales,
necesidad, soledad y silencio.

Una por cada cajón del armario,
Dos por cada letra de tu nombre,
Tres porque es el único que me escucha.

No sé contar ya.
Creía torpe e inexperto
que una mente gastada,
atacada por continuos recuerdos
de cuerpos desnudos,
infatigables noches,
y sensaciones de pobreza
me concederían paz.

Pero el tiempo no es apóstol de su fe.

Impartida y como una lección mal encarada
al alumno más rebelde de la clase.
Creo en Dios padre todopoderoso...
o algo así, no recuerdo ya mis oraciones.

Los pecados de la carne,
como yo, solo entienden
una vida vacía y sufrida
en un continuo Quorum
con Dios.

Maldita Venus.
Creo que me he clavado todos mis Narcisos.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Vacío o lleno no me quedan vasos.

La tristeza es una responsabilidad.

Es el valor del hombre justo quien alimenta
y da hambre a un color azul pintado en los ojos,
invade los cuerpos, inunda el pecho de color,
arde despacio templando costumbre
y día a día, irresponsablemente ocupa
un lugar vacío donde se encuentra dos veces.

Vacío, o lleno de tristeza.
Nunca sé cuanto ocupa esta palabra.

Es curioso como siempre nos enseñan la felicidad,
pero es más necesario siempre, educar en la tristeza,
no es que sea nada malo, es humano.

Humanos que rellenan vasos dos veces.
Por si lo dejamos todo medio lleno.

Medio vacío, me dejo aquí,
soy un maleducado, ami nunca
me enseñaron la tristeza.

Lo más triste de todo es, que tuve que aprenderla yo solo.

martes, 4 de febrero de 2014

Como cualquier Martes

La identidad es sólo la excusa.

Pides permiso, te quitas la camisa
levantas el mundo desde la calle,
caminas como si no fuera lunes,
invitas tal vez al chico azul
que conduce en el espejo de los coches.

Andas como si fuera martes.

Bajas las escaleras
y sentencias el roce
urbano de una barandilla
con el desprecio de los pulgares.

Corres como si nunca fuera miércoles.

Habitante de la jaula de metal y grillos
tu metro sólo se distancia de una parada.

Cierras los ojos como los Jueves en la parada de La Estrella.

Vuelves como una noche sin resaca
con el oleaje plateado de la luna beis
que recita versos de soledad incomprendida
e historias que terminan cuando cierras
cada puerta del hogar que nunca habitas.

Miras con la esperanza del Viernes.

Comprender una pared pintada
la tierra de nadie, lejos de la cocina,
el trono frío póstumo de reyes y hombres,
te lavas con el frío del mármol.

Vives en el significado del Sábado.

No significa que sea cierto el fin
pero en cierto modo acabas la semana

Y te das cuenta que vives un Domingo sin Irene.

Y pasan las semanas aquí.
Como cualquier Martes.



sábado, 1 de febrero de 2014

Final

Siempre lo más importante en un poema,
es la sentencia final que decide el destino
y la serenidad de una paz más conveniente.

¿Veis? Como por ejemplo aquí.
Tenaz y decidido.

Acabo con una frase que aporte dignidad,
porque, al fin y al cabo, el punto más importante.

Es este.

El que decide la sentencia que aporte un sentido digno.
O por lo menos solemnidad al acabar de decir algo.