domingo, 5 de enero de 2014

Palabras sin Irene

Porque el silencio nos arrebato
de sus labios húmedos
momentos con los que romper
el mundo con los ojos.

Deja que la intimidad de mis palabras
se vuelvan del color de nuestra piel
sorprendida por tu juventud.

Aunque el silencio siempre es cruel con sus denuncias,
yo rompo mi mundo con tus ojos callados
en los momentos más íntimos de nuestros cuerpos.
Mientras la piel se sorprende de tu juventud,
de mi falta de experiencia y del instante
en el que se rompe  el silencio cuando.

En compartida soledad me dices que te vas.

sábado, 4 de enero de 2014

Sin Perdón

Nunca me has perdonado ser un hombre triste.
Yo te recuerdo así, decidida, de pie,
frente a un destierro pactado
puede que conmigo no, pero tú, mi vida
decidiste ser la causa última de mis actos,
la primera en saber que ya no hay amor,
que siempre estaremos unidos
por los mismos lazos que hoy nos separan
porque el ayer, mi mañana, no va jugar
mas partidas nocturnas, clandestinas.
Yo te recuerdo así, sin perdón
y con una voz de tierra de otro invierno.
Hoy he ordenado mi cuarto y me encontrado contigo.
En esta cama que se queja vivimos dos cuerpos,
en aquella esquina te llamaba por teléfono,
en esta misma mesa te escribía cada día,
contra esa puerta nos empujábamos hasta odiarnos.
Pero hoy, me encontrado contigo en mi cuarto
y no sé si son justas mis razones o si alguna vez
me perdonarás el haber sido y seguir siendo un hombre triste.
Nunca me has perdonado ser un hombre triste.
Lo entiendo yo tampoco, pero eso no significa
que no te quiera, como se puede querer a la nostalgia
o las luces apagadas de estas fotografías,
o a esta cama,
o a esta mesa,
o a esta maldita puerta que me recibe cada noche
igual, que no me perdona, ni falta que hace.

Qué triste es que nunca me perdones.

Sólo sé, que tú lo sabes todo sobre mi

Sé que soy un hombre triste,
y está es mi herencia igual
que se heredan lagrimas de otros ojos.
Sé que tengo una vida sencilla
que mis problemas no son mañanas difíciles
familias pobres o hermanos sin hogar,
Sé tan poco sobre mí
Sé que te prometí que sería fuerte
que aguantaría un día más viviendo.
Pero aquí pesan los días y mi vida
empieza a ser una náusea
cuando comienzo a ser feliz
Sé tan poco sobre mí
Sé que no estoy solo.
Pero solo sé que aunque me digas
que me entiendes no sufres esta locura,
no sueñas con el suicidio, no vives
aterrado de vivir, acomplejado por ti mismo
Sé tan poco sobre todo.
Que hay a veces que le busco el sentido más pobre
a esto, intento demostrarme que tiene
un significado delante y detrás de nosotros
que no es una mala pasada.
¿Quién soy?
Siempre me pregunto lo mismo
pero nadie me responde.

Sólo sé que soy un hombre triste.

viernes, 3 de enero de 2014

No sé viajar sin ti, ni sin memoria

No sé viajar sin ti y sin memoria.
Tampoco vivir lejos de tus ciudades
provincianas, de los cuerpos desnudos
que dejamos a medio camino de la luz
y la sombra de tu lámpara.
No sé entender mis labios sin tu boca.
Aprendí los idiomas más solitarios de la noche.
A mirar el techo con los ojos y a empujarlo
sosteniendo la ciudad en el neón de los hoteles,
recogiendo está cama que no es mía
y que posiblemente mañana la invadan
otros cuerpos sin historias, derrotados,
como yo cuando te busco en el espejo
y me encuentro inesperadamente al otro lado,
esperando que me llames al teléfono,
y cogerlo y decirte que ya estoy llegando,
que sólo quedan diez minutos entre mi sombra
y tu ventana, que te espero donde siempre
escondido en tu calle para que tus padres
no nos vean, y piensen que me perdonas.
Siempre llego pronto, antes de tus diez.
Entonces me abrazas despacio y sin mirarme,
ya sabes que siempre me gusta oler tu pelo,
rodear tu silueta y desafiarte a aguantar
sujetada contra mi, con los pies de puntillas
y el verano a la espalda.
Entonces me miras frente a frente buscando
cosquillas en mis ojos y tu risa se enciende
en la farola, resuena por la calle y me das
en la mejilla un regalo, tu nombre sin tus labios.
Son la diez, tus diez, te esperan en casa y a mi en la parada.
Y como si no nos conociéramos me sueltas
y me dejas colgado
y me rindo
y los dos huimos como cuando tu me querías
y yo, nunca vuelvo a ser yo,
Aunque yo nunca pedí ser tú para entenderme sin ti
todavía te tengo en la memoria, en mis viajes.


jueves, 2 de enero de 2014

Todos mis viajes

Sé, que tú también conoces
las caídas de los grandes gigantes,
que has oído hablar de los hombres
de sus ciudades habitadas,
inhóspitas, levantadas con palabras
de ternura y odio.
También sé, que tu mundo, a veces,
se quema en el orgullo de tu pañuelo,
que tus bolsillos se llenan de arena
de otras playas y tus castillos
se levantan con amores de verano,
rastrillos y palas de maleta,
olor a gasolina seca, pegada
en los asientos salpicados de orillas.
Intento saber por qué tus autopistas
conducen por la noche debajo de faros
cansados, caminos comarcales,
sintiendo las conversaciones inexactas
sobre cuando llegamos o a dónde nos llevamos,
más al fondo, tal vez, a los pies de una cama sórdida
o la voz apagada de estos automóviles
llenos de amor, de historias de la vida oculta
del viajero que se presta a luchar contra gigantes,
a levantar ciudades habitadas,
coronando playas sin arena y bebiendo pétalos de sal,
buscando con la urgencia escurridiza de un adolescente
la excusa de tu boca al parar el coche, sentir el rojo
en el semáforo y dejar el manos libres
a riesgo de llamadas de conveniencia con tu madre,
me refiero a la costumbre desastrosa de buscarnos
más allá de tu habitación, poblada de mi aliento,
del criterio inamovible de sentirse viajero
de tus pósters, de París, Venecia, Amsterdan,
el lado que amanece al lado de tu cama de Londres.
Pero sin duda alguna también sé, sin miedo a equivocarme,
que mi viaje preferido eres tú todas las mañanas,
desde que despegamos con lo puesto de tu cama,
hasta que navegamos hasta hundirnos debajo de tus escaleras,
y hasta que espero que me beses en la última estación.
Porque de todos mis viajes, mi lugar favorito eres tú.


miércoles, 1 de enero de 2014

Cartas a Machado

Míralos, deben ser los hombres
más tristes de la tierra, infelices.
Pero caminan, siempre caminan,
más allá del invierno, prometido
y gris, como sus ojos negros
habitados por la indiferencia,
esculpidos con canciones lejanas
con ciudades cálidas, arrinconadas
entre la verdad y la vida,. Si es que
acaso es su vida una mentira
o un viaje sin patria. Extranjeros.
Míralos, infelices.
Son los hombres más tristes.
Aquellos que renunciaron
a llamar suyo el hogar y sus mujeres.
Son extraños, no quieren hacer ruido
no llevan equipaje, tampoco llevan vida.

Deben ser los ojos más grises
que caminan solitarios por Castilla.

No soy justo, tampoco desmedido

Aprender a ver un desnudo nunca es fácil.
Aceptar vivir con los ojos cerrados para verte,
sentir la figura desafiante de tu cuerpo
frente a las mil empalizadas que te cercan
allí , en la frontera más débil de tu cama.
Lejos de la gente y su ropa desabrochada
o de la justa piel, nuestras pieles,
el sudor sucio de los que sufren el agobio
por someter las bocas blancas de los ojos,
las pupilas más rosas de los labios.
Verte desnuda nunca fue fácil,
pero pensar que pude hacerlo
da sentido a mis noches,
da justicia a mi cuerpo.

Aprendí a mirarte despacio, sin ropa, sin conciencia, sin ti.

Aprendí a verte sin que tú te dieras cuenta.