viernes, 20 de diciembre de 2013

Sweet

Me gusta compartir esos momentos contigo,
los mismos que despiadados nos preguntan
sobre el color joven de nuestras conversaciones
más íntimas, bañadas por el jazz y el sentimiento cálido
de tus manos bailando solitariamente alrededor de mi cuello.
Ni tú ni yo, solamente los dos.
Es tarde para decidir sobre sinceridad y buenas intenciones,
únicamente preguntarás qué tal la noche,
las velas, la música, el champagne.
O simplemente cerrarás los ojos esperando
que tu respiración no delate los susurros intranquilos
acariciando la carne invadida de tus labios
dispuestos y desnudos.
Igual que cuando la piel seduce a la conciencia
y se enreda intermitentemente
dónde se sospecha imposible la lujuria.
Hoy ya es tarde pero dejaré que me beses,
que muerdas mis palabras o te acabes el champagne preso de tus labios,
del carmín que se confunde indiferente al choque de la piel,
y la disciplina de la noche alrededor de tu cuello. Y sentirlo, sentirlo tan cerca,
ese roce que desafía a las manos a las que me atas cuando te abrazo
y caen por tus caderas, indecisas, rotas, pero firmes de sentencia.
Me rindo amor, no soporto dormir en camas que me dejan los pies fríos y la conciencia tranquila…



martes, 17 de diciembre de 2013

Michelangelo

Llegas tarde, pasas sin permiso,
y nunca terminas de quitarte
los zapatos. De ponerme
las palabras y rasgarme
los vaqueros.
Siempre me mancho las manos con tu cuerpo,
pinto las paredes, cierro las puertas, y recojo
las esquinas, fronteras quebradas de mi cuarto,

En pie de guerra con tus manos.
Y tu pelo. Nubes de barro,
tallado de estepa.
Como el trigo que sosiega el viento
mientras se quema la cosecha.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Distante

El hombre que inventó esta ciudad.
No despierta nunca a sus vecinos.

Es un hombre tranquilo,
tiene trabajo,
tal vez familia,
un lugar a donde ir,
y uno al que volver.

Es un hombre con suerte.
Tiene una distancia a la que llamar hogar,

También tiene memoria
pero eso no le impide cada mañana
acordarse de dónde coloca cada cosa,
dónde coloca esta ciudad.


Él la inventa, 
camina como uno más
pero nunca sé es uno más
rodeado de todo lo que somos.

Esta ciudad,
su gente, digo,
nunca comprenderán
que su vida,
vacía de memoria
no se entiende
sin la distancia de su casa.

Y es porque una mirada
siempre puede explicar
por qué llueve al otro lado.

Pero nunca, una mirada,
puede explicar esta distancia
cada vez que veo que te vas,
y llueve,
y no tengo ni casa, ni trabajo,
ni memoria.

No me importa.

Nunca me acuerdo de donde dejo las cosas
y ahora mismo no me acuerdo de donde,
o en que momento, te he dejado de ver,
en mi distancia.

En este poema.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Besos sin edad

La edad de una persona
se marca siempre un poco más
en sus propios labios.

En los labios de los demás
nunca pesará el tiempo,
tampoco la sinceridad
o el frío tan cortante
que distancia cada día
más
la edad que se gana
o
que se pierde
cada vez que besas.

La edad es un asunto propio para la vida.

Posiblemente la edad sea el asunto más propio
de cada labio.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Muchas veces me pregunto, pero nadie me contesta

Muchas veces pienso en bajito.
Para que no me oiga,
para que no se ahogue
mi nombre al pronunciar la voz.

Y no puedo evitar preguntarme:
¿Quién sabe de amor?
Maldita seas tú, yo,
nuestra historia y estas preguntas.

¿Quién sabe de amor?
¿Acaso no sabe de amor
aquel que no ha perdido por amor
una familia, dignidad y pobredumbre?

¿Acaso no sabe de amor
aquel que no ha soñado en blanco
en noches tan negras como el
techo infinito de su cuarto?

Me pregunto más aún:
¿Acaso no sabe de amor
el que conserva en una caja
nombres, calles direcciones
y años jóvenes.
Como las promesas tan vacías
que me quedan después de ti?

¿Acaso no sabe de amor
Aquel que escucha siempre
la canción más triste de tu boca
cuando bailamos el vals
de los perdidos?

Y sigo preguntándome
¿Acaso no sé de amor, Irene?

Sólo sé escribir lo que creo que
acaso sabe el mundo de amor.

Escribir letras con el corazón roto,
con ira, y habitaciones separadas
por preguntas con las que hablo
cada noche, cada vez que pienso,
en bajito, en ti.

¿Acaso sabe de amor
aquel que ha aprendido
a morir dos veces?
Una por el mismo
y otra por ti

¿Acaso tenemos derecho a tener corazón?
Irene. Me pregunto.

¿Es posible aprender a amar,
a dudar, a entender otros cuerpos
sin el tuyo, o a mantener
una figura intacta en los ojos
como cuando te fuiste?

¿Acaso no sabe de amor
aquel que vive de recuerdos
y luz en las calles, o relojes
sin tiempo que clavan sus agujas
en su pecho esperando
que se me olvide recordarte?

Debe ser que nunca aprendo que es el amor.
O tal vez siempre me hago, las preguntas equivocadas.

Puede que no sepa de amor,
pero sé de ti, de mi.
¿Acaso no vale eso ya?

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Be Quiet

Respeten este silencio,
se lo pido por favor.

No es hora de elevar la voz
ni tampoco la palabra.

Es tarde, y se que se me ha olvidado
llamarte por teléfono,
pero respeta este silencio.

Puede que no te haya llamado
porque no quiero alterar este silencio,
esta paz, y esta mentira,
que es que los dos sabemos
que si te llamo,
posiblemente no seas tú
la que me espere al otro lado,
sino un buzón vacío
de contestaciones
y de cartas habladas.

Es cuestión de respeto,
y de mucho orgullo en la voz,
la misma que meditada
respeta este silencio
a pesar de que la noche
no será más tranquila
con o sin conversaciones
de por medio.

Debería de haberles dicho a todos al principio,
que respetaran este silencio.

Lo siento se me olvida pedir las cosas por favor.

Migas

Lees esto porque doy sentido a tu vida,
te creo como un capricho inalcanzable
como algo tan puro, tan intacto, sobrio.
Te imagino sin ropa, o descalza sin calle,
alomejor te dibujo entre el mar y la sal
o en un fuerte prisionera de dragones,
te defino por las plazas de tu ciudad
o en las noches de hotel mas extranjeras,
A veces te escribo caminando por desiertos,
o en un antiguo cine de barrio en blanco y negro
con historias mudas como tus ojos
o viviendo amores violentos con otros
siempre lejos de mi. Pero te escribo y tan de cerca
que llegó a pensar que hasta te toco,
que tu vida sangra tinta, tinta tan negra
como tu pelo alborotado, sucio por el sol.

Yo te pongo nombre aunque nunca se escribirte poesía.
Hace tiempo que perdí tu cuerpo y no consigo recordarte,
tampoco sé en realidad como eres o si vives o si sueñas.

Solo tengo pistas pero no me queda pan.

Antes aprendí a
Nunca esperar
Alguien como tú.


Pero no me queda pan.