jueves, 5 de diciembre de 2013

Palabras humanas

Un vacío dos veces habitado,
nunca medita sobre su historia
sobre el lugar que ocupa.

Pero la soledad envejece
igual que el color en las paredes.

Como un olor a libro viejo,
maltratado, extranjero en su idioma
sus ojos se pueblan de arañas,
de una necesidad de conciencia
de silla vacía.

A esta soledad le falta humanidad.

O simplemente le falten tus manos
sujetando el silencio,
la mirada de los cuadros
que vigilan los pasillos,
el goteo suicida de los grifos
que mueren de sed.

Se paga un precio muy alto
por saber que estamos solos.

Y muchas veces pienso que no merece la pena
si no estas aquí tú para compartir esta soledad,
conmigo.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Nunca sé ser desconocido frente a ti

Cuando se confundan los minutos
entre vaso y vaso, entre humo y humo.
Tal vez tenga el valor de levantarme
ofrecerte una copa y un nombre,
alomejor una sonrisa vacía de exigencia,
derrotada, dudosa de la geografía
de tu cuerpo por la noche.
Dispuesta a una pequeña historia
sin importancia, extraña, complaciente
con mi yo más cotidiano.
Porque se que existe una esquina para
cada historia, un pie de noche
para cada cama y un acertijo sin resolver
en cada corazón
Pero dejemos de hablar de mi,
todavía no sé tu nombre y yo
nunca renuncio a una buena excusa,
al fin y al cabo no existen
soluciones fáciles para un par de amantes
desconocidos, extraños...
Rápido tenemos poco tiempo
y la luna no sale dos veces
la misma noche, me dices desconcertada,
escondida entre el borde palpitante de tu copa
con el orgullo por delante
y tu escote entre bambalinas.
En el fondo los dos lo sabíamos:
El amor es un negocio cruel,
todo es cuestión de deudas
y un montón de tiempo,

Nunca sabes como pagarlo.

martes, 3 de diciembre de 2013

Octubre

Caminar contigo, ser transeúntes
de la piel deshollada de las aceras
por las hojas sometidas al amarillo
del otoño, los charcos de humo
de tus cigarros, el recuerdo de mis brazos
buscando tu cintura entre las farolas,
despedidas que son despedidas
de una última despedida, tus ojos,
Madrid ardiendo en tus pupilas,
los paraguas infelices desprovistos
de lluvia, tiempo y manos,
la intimidad de los coches arrollando
el asfalto gris de ciudad,
los bares sin su gente y su partido,
el café cortado sin tus labios
sorprendido entre mis yemas,
el Sol húmedo de cada viernes
poniéndose detrás de tus cortinas,
esas discusiones acaloradas
en tu cuarto por quién te besa
en este lado de la cama,
el sonido áspero de mi silencio
acariciando tu cuerpo tumbado en el sofá
todas las mentiras que no pude decirte dormida,
comprender el miedo o el hueco vacío
de tus manos al acariciarme lentamente
mientras te grito por teléfono...
Podría seguir, pero supongo que es inútil
intentar convencerme de que ya no estás,
Simplemente es más fácil vivir un mes
colgado del calendario, sin santos ni patrones,
Octubre ya no será el mes de los inocentes.
Y quizá por eso tenga alquilado tu recuerdo,
porque no sé entenderme si me faltas.
No me perdones nunca, no hasta
que haya aprendido a vivir sin ti.
No hasta que haya aprendido a convivir conmigo

lunes, 2 de diciembre de 2013

Hombre sin costumbres

No espero que perdones mis palabras.
Tampoco espero compartir tus manos,
las lecciones de mi cuerpo, tus mañanas
apartada de un sol de ventana
y calles hundidas bajo los pies
del tráfico, del eco ronco del viejo
autobús de las doce.
No espero que perdones mis costumbres.
Las lecciones más apartadas de tu cuerpo.
Mis manos sucias de conductor de autobús
y estos ojos secos tendidos al asfalto.
No espero que vuelvas por esa puerta,
ni tampoco zapatos en el recibidor.
He aprendido a esperar en la parada
la rutina de mis días, lejos.
Encontrarte al final del autobús.

Diciembre

Escucha:
se apaga el mundo tras su llamada,
al otro lado ella cuelga una sonrisa.
Y vuelve a caer Diciembre, otra vez,
con las mismas ramas secas de sus labios
apagados, la saliva desgastada
de nuestros nombres, sin noches.
En la calle, en cada esquina, se escucha una voz.
Las pisadas de historias que nunca fueron nuestras,
de los caminos que se encuentran en tus pies,
y las huellas de aquellos hombres viejos
condenados a una vida de parque y palomas,
de pan en los bolsillos y fotos en la cartera, marcadas
por el carácter de la guerra y vigilada por sus nietos.
.
Y nosotros, todavía, con la lluvia resbalando en las aceras,
caminamos juntos sobre el cristal de sus charcos,
mientras la inocencia se moja sobre seco,
inundándose en nosotros los restos
de lo que echamos atrás, para ver, lo que
nunca quisimos ser, dos amantes mojados
por sus labios, áridos de amor.
Las palabras sencillas nunca fueron fáciles de entender.
¿Y si te digo que te quiero?
¿Que será de Diciembre y su nieve?
No habrá más blanco que compartir
en un mundo gris, de pieles ausentes.
sombras negras de árboles solitarios
muertos tarde, rendidos al homenaje de tu invierno.
Será algo roto,
como el beso de tus ojos al decirme no.

Te perdí, lo sé, eso ya no importa,
fuimos Diciembre con ojeras.
Poco a poco asumo la falta de color en nuestras fotos,
camas sin hacer, noches dormidas en el sofá,
Café de las doce y maletas a las seis.


Aún así todavía a veces pienso,
que me daré la vuelta y estarás esperando
en la parada del tren en el que te fuiste,
con un corazón en edad de crecer.


domingo, 1 de diciembre de 2013

Señores viajeros:

Cercanías RENFE les recuerda
que está prohibido quererse en los andenes,
viajar sin sueños en la maleta,
compartir la cotidianidad de sus días
con asientos vacíos, solitarias venas sin raíles,
desafiar la mueca metálica de los vagones.

Señores viajeros. No intenten oponerse a los túneles,
negociar el café de las paradas,
vivir en la provisionalidad de los billetes
o cercar libros entre el traqueteo de las nueve.

Señores viajeros, si sienten las vías en los pies,
si la vida abandonada de estación vuelve mañana,
les esperan todavía los trenes como otro día
que se dispone en las traviesas, o que se baja
inesperadamente en el andén.

Señores viajeros:
Es hora de que acepten que el viaje
no es solo una forma digna de volver a casa
también es la costumbre más antigua de los hombres.

Es también mi costumbre cada noche
Cuando viajo en cada tren
Y espero volver dignamente contigo
Siendo un viajero sin viaje,
Siendo un viaje sin ti.


sábado, 30 de noviembre de 2013

Los nombres siempre son historias que contar

Hay nombres que son
el recuerdo de una ira.

Belén por ejemplo.
Que me enseño los secretos
del tierno amor adolescente
lleno de dudas y naufragios,
de noches de cartas en blanco
y veranos tan soleados como
el recuerdo del primer beso,
el mismo que invade por primera vez
dos bocas llenas de dudas
y de nuevas traiciones.

Hay otros nombre que son
los primeros pasos de tu historia.

Jimena por ejemplo.
Que me enseño la confianza
y la alegría que guardan los viajes
en los trenes de Madrid.
El invierno y las botas sucias
de los conservatorios y la tradición
tan suicida como es quererse sin saberlo.

Sí. Jimena me enseño a que nunca
hay que ponerse dos veces los zapatos
antes de marcharse sin avisar,
y a mentir a los diarios que escribimos
como un regalo de otro tiempo, de otra edad.

Hay nombres que recuerdan una aventura
o sueños imposibles

Laura por ejemplo,
Que me enseño la paciencia y los imposibles
y que no se puede nunca luchar contra
corazones de papel, y esperanzas tan
humildes y egoistas que se contradicen
según se rozan esos labios.

Sí, Laura me enseño a no traicionar juicio y conciencia,
a no mentirme demasiado pronto para dormir
o tan tarde como para no quererme despertar
y no maltratar los sueños que se desvanecen
entre lágrimas y abrazos amistosos, despedidos
por los bajos fondos de Madrid .

Hay nombres que te recuerdan cada día quien eres,

Ana por ejemplo.
Que me enseño el amor, la tristeza,
la alegria, la soledad, los viernes.
Las noches interminables entre voces de teléfono,
camas vacías, y cuerpos tan distintos,
También me enseño a aprender de los desnudos
y a vivir con el sentido más estricto de la vida,
Los amores que se acaban, con el corazón
vacío, desgastado por la soberbia impuesta,
del orgullo mas callejero que un hombre
puede mostrar al querer a una mujer,
al intentar imponer su amor por encima de ella misma.

Sí, Ana me enseño, la paciencia del amor
y sus dudas negras arrinconadas
en lo más hondo de nuestro corazón.
También me enseño la sensatez
y el desorden de dos cuerpos
que no saben compartirse,
ni vivir unidos, ni morir separados.

Hay nombres importantes en cada vida,
los míos procuro recordarlos,
aprender de sus letras y apellidos,
a convivir con ellos aunque a veces
duela más la propia vida

que lo que nos queda de ella misma.

Hay nombres que son pedazos de otras vidas.

Irene,vida mía, por ejemplo,
no me pertenece a mí,
tampoco al tiempo o la memoria.
Este pedazo de piel entre pieles
de habitaciones separadas
de inexistencia
o no saber si estuve allí
o cierta torpeza a la hora de abrazarte
si te vas.

Todas aquellas cosas que nos recuerdan cómplices.
Si esque alguna vez hubo complicidad,
o tan sólo complaciencia.

Son tan parte de mí
como el coraje que me falta.

Esos trozos de historia íntima,
de temprana enfermedad
existen en fragmentos de nosotros,
de los otros sin nosotros.

Por eso hay nombres que nunca se me olvidan.
Por eso sé, que yo me llamo Alejandro.