martes, 26 de noviembre de 2013

Ítaca

Nadie sabe como volver a Ítaca.
Pero me gustaría que cuando regresara
después de tanto tiempo, tuviera el valor
de atravesar la misma puerta que abandoné.
Aquí donde empezó todo hace 20 años.
Estas son las palabras con las que acabaré.
Sin embargo antes, déjame contarte todos
los viajes de mis años cobardes,
de distancias pronunciadas en mis ojos,
rincones de gigantes y ciudades prestadas,
porque aunque cerremos las manos
de amistades difíciles, así hemos
vivido lo nuestro.
Me gustaría hablarte de héroes
donde la historia no juzgue
la piel de sus nombres.
Te contaría una y otra vez
las noches que pase escuchando
en puertos conversaciones de sal.
Y aun así, después de tanto tiempo estoy aquí.
Será que volver siempre es difícil
aunque nunca nos vamos del todo;
pero puedo asegurarte que lo intentamos,
Que a veces regresar demasiado pronto a casa
supone que ya sea demasiado tarde.
Seguramente no abra la puerta,
tal vez nada lo impida, pero no soy nadie –aquí-.
Donde empezó todo hace 20 años.



Poema Sacado de la colección ``La Orquídea´´

1994

As we grow up we learn that the one person that was never supposed to let us down probably will. You'll have your heart broken, and you'll break others hearts. You'll fight with your best friend, or maybe even fall in love with them and you'll forget that time is flying by. Life comes with no guarantees, no times outs no second chances, you just have to live your life to the fullest. Tell someone what they mean to you, and tell someone off. Speak out be sincere, and say it with conviction. And never forget where you came from, cause when you do its a long road home.
http://www.youtube.com/watch?v=jCrm7CKTZZQ

lunes, 25 de noviembre de 2013

Tristia

Los hombres tristes no saben amar.
No saben pedir permiso.

No conocen la sonrisa de sus actos,
las dudas calientes que ofrecen
sus caras sentadas en la lluvia.

Te prometo que yo no soy así.

No sé mirar si llueve,
tampoco pido permiso.

Acostumbrados a la fe
nunca fueron hijos de Dios.
Fueron los hijos del tiempo
y las miserias quienes acorralaron
la tradición de los Domingos.

La tradición de un cuerpo inventado
explica muchas veces una historia personal,
tantas veces explicado el mundo.

Tantas veces acostumbrada una sonrisa.


sábado, 23 de noviembre de 2013

Irene

Hay nombres que se corrompen según los dices.

Alejandro, por ejemplo, no sabe amar,
tampoco sabe perder, nunca supo,
y tampoco supo nunca pedir perdón.

Siempre pidió, y todo se lo dieron.
Es un nombre egoísta,
y demasiado largo para compartir
con los demás.

No existe ni verdad ni belleza en ese nombre,
Tampoco él entiende que existe gracias a
que dibujado toscamente, ella le da vida.

Y ella, le dibuja feliz y extraño.

Ella no entiende a Alejandro.
Pero sabe amar.

Supo quererle incluso cuando él,
egoísta, no la quería.

Hay nombres que viven dudosos en fotografías.

Viven en nosotros como camas sin hacer,
tardes de calles estrechas en Madrid,
y rumores de peleas y reconciliaciones
entre andén y andén.

Metro a metro.
Mirada a mirada.
Labio cuerpo.
Mano muslo.
tú o yo.

Ella.

Tiene un nombre que corrompo cada vez que lo digo.

La hago pequeña y gris,
casi como una palmada sorda.
No se amarla, sólo se hacerla daño,
debe ser que no me enseñaron
otra forma de amar.

Y la imagino.

Desnuda y llena de vida
envuelta en lágrimas,
porque no entiende a Alejandro.
No entiende que incluso cuando
la mira sin mirarla,
aunque ella sabe que la mira,
Piensa que la odia
como quien odia por despecho
o ignorancia.

Nunca la escribió poesía.
Y debería odiarle.

No sintió la necesidad de confesiones
ni amor del que se vende envuelto
en mil historias, historias que construimos
para explicar porque nos queremos.

Y la verdad es que Alejandro la quiere.

A Ella.
Aunque nunca la ha escrito poesía.

Debe ser que la poesía es otra forma de amar,
despacio, con palabras perfectas y momentos
deliciosos.

Pero Alejandro nunca entendió
que la delicia de sentirse dibujado
en su sonrisa mientras,
pequeña y libre,
le abraza a pesar de su memoria.

Es la única palabra escrita que vale.

Por eso nunca le pongo el nombre
a la persona a la que escribo poesía
en mis poemas.

No quiero corromper tu nombre.





viernes, 22 de noviembre de 2013

N-303

Las ventanas cada noche son
como lobos solitarios.

Acechan la calle igual que a una presa herida.

No importa la luna, ni la manada gris
que se proyecta insignificante en la pared,
Nada les importa ya.

Suena el eco borroso de las farolas
y la gente se esconde en sus ventanas.

Igual que una ventana herida.

El último búho de la noche conduce
despacio su autobús.

Yo también he vuelto como tú,
con la cara pegada al cristal
y la sensación de que siempre
me olvido de algo en la parada.

Me olvido de todo,
no tengo memoria para los horarios,
y los bancos a estas horas son como
bocas afiladas dónde pensar,
pensar y darse cuenta del dolor
que sube a cada parada.

No hay nación aquí.

Todos somos iguales
cuando escribimos el nombre tembloroso,
en el vaho,
de la persona que viaja sin nosotros.
Pegado al cristal,
como una memoria dudosa
que juega entre luz y luz
y el botón de: Parada solicitada.

Nunca se cuando bajarme,
en que momento levantarme
o cuando interrumpir el viaje
de los demás.

Es tan difícil solicitar una parada.

Sobretodo porque nunca se dónde me bajo.
Sobretodo porque nunca se si me acecha
algún lobo solitario entre estas fachadas.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Azul turquesa, casi beis.

El invierno es un lugar difícil,
siempre cálido en su distancia.

Igual que tu cuerpo, difícil.

Nunca he sido un hombre de palabra,
siempre he intentado evitar
decir la verdad.
Aunque la verdad es, que nunca
he sabido si de verdad he sido hombre.

He sabido tener frío,
hacer la cama después de que te vayas,
aunque sea una decisión privada,
fundada en la intimidad, difícil,
de un hombre de palabras necias
y oídos      .

Entender la vida como un invierno nunca es fácil.

Hay que saber tener frío.

Conocer, la disciplina de las bufandas
y los abrigos obligados.
Habitantes de cuello y cremallera.
Lentas pieles del invierno,
que viven en nuestro cuerpo,
casas vacías de gente
pero llenas de personas.

Nunca se que abrigo ponerme cuando salgo a la calle
ni cuando estoy contigo.

No tengo frío,
Ni disciplina,
Lo juro, soy un hombre de palabra.

Y aquí hace invierno, en el mismo lugar en el que me encuentro todo el año.







Ensayo sobre un ensayo

El ensayo es aquel género literario que no pretende abordar un tema en su totalidad sino proponer y defender la visión personal del autor sobre el mismo.